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MW, periodista y escritora

Jancis Robinson, conversaciones con una “autorictas vinum”

Autor: Saúl Cepeda. Imágenes: Jean Pierre Ledos
Martes, 11 de junio de 2019

Esta Dama del Imperio Británico es una de las firmas más importantes del planeta en materia de vinos. Ahora presenta su libro “Experto en vinos en 24 horas” (Planeta Gastro, 2019) y una copa universal con su nombre.

Experto en vinos en 24 horas es una obra muy concreta; directa a lo esencial. Se pueden aprender muchos detalles sobre el mundo del vino con el tiempo, pero en este libro solo están las cuestiones más prácticas que un aficionado al vino ha de saber. Lo realmente necesario: qué copas, qué temperatura, cómo elegir el vino en la tienda…


He recorrido un largo camino y no me asusta nada. Carezco de ideas preconcebidas sobre cómo hay que comunicar el vino. El vino debe ser accesible, moverse con las generaciones. Cualquier forma me parece válida si es honesta. Yo tengo la mía, pero no parece mal si alguien quiere hacer una cata en 10 segundos en Instagram.


Hay un debate muy interesante alrededor de los vinos naturales que está concitando a los jóvenes. Las nuevas generaciones acogen de muy buen grado la mínima intervención química y técnica en el vino; y ahí hay un mensaje para los productores, grandes y pequeños, sobre el futuro del sector.  


No hay una burbuja en los precios del vino. China o Rusia, por ejemplo, son mercados con mucho dinero que están generando una pujante demanda sobre un producto finito. Compañías como LVMH han convertido ciertas etiquetas en marcas globales de lujo. Eso supone que, aunque se produzca esa demanda, es imposible satisfacerla por la propia naturaleza restringida de la producción; y los precios aumentan. De hecho, me hace gracia cuando se habla de ediciones limitadas en el vino, porque en realidad todas lo son.


La copa que ha diseñado Richard Brendon con mi nombre es muy versátil y funciona muy bien con todo tipo de vinos. La idea que manejan fabricantes como Riedel de que hay un recipiente para cada líquido resulta poco práctica y cara: el espacio de las casas es limitado y no podemos tener docenas de copas distintas en las estanterías. También es un concepto erróneo, porque los patrones gustativos y fisiológicos sobre las papilas gustativas de los que parte han sido refutados.    


Hay toda una serie de experimentos que muestran que las mujeres somos más sensibles a los aromas. Probablemente por motivos evolutivos. Nos podemos sentir muy capaces y plenas de confianza en este terreno; y relajadas como catadoras, desde luego. Además, creo que en el hombre hay más expectativas sociales depositadas en sus elecciones de vinos por motivos culturales. Y eso es un problema.


La cuestión del techo de cristal de la mujer en el vino está cambiando. Hay muchas compañías vitivinícolas dirigidas por mujeres hoy. No se trata de una pose o de marketing, sino de mujeres verdaderamente preparadas y capaces.


Además de Nueva Zelanda con la sauvignon blanc, no existen grandes países vitivinícolas tan dominados por una sola variedad como España. Eso limita el desarrollo de un territorio. La tempranillo puede ser fabulosa, pero no es la única historia. A mí me encantan las garnachas de cepas viejas y la godello; y por supuesto los vinos del marco de Jerez. Hay muchas uvas interesantes en este país, como puede ser la albillo, que progresarán. También creo que en los próximos años veremos un descenso del número de hectáreas de tempranillo plantadas en el país a favor de otras variedades.      


Hace unos años los Masters of Wine solían ser solo consultores. Hoy hay muchos que se manchan las manos y hacen vino. Es fantástico este paso.   


Me parecen bien los maridajes que dan a conocer vinos atípicos a los consumidores. No obstante, me inquieta mucho que se diga que solo hay un tipo de vino para un tipo de plato. Existe un intervalo más o menos amplio de vinos válidos para los alimentos; y el consumidor habitual suele dase cuenta por pura intuición. Eso sí, si no aciertas a dar con ese intervalo, es preferible que bebas agua.


El mejor consejo que puedo dar a un consumidor es que tenga un vendedor de vino de cabecera. Es lo mismo que tener un librero de confianza.

 

 

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