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Vecinos con encanto

Viaje a Terras de Trás os Montes, bocados de honestidad

Autor: Javier Vicente Caballero. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Viernes, 21 de junio de 2019
Noticia clasificada en: Escapadas gastronómicas

Parapetada en la esquina nordeste de Portugal, la región se va despojando de recelos para desplegar hechizos a través de una gastronomía sensata y contundente, absolutamente imbricada con el pueblo que la fragua.

[Img #16499]Valles y castillos legendarios, vegas con vides y olivos en suelos severos, festejos atávicos, encantos y encantamientos, pueblos de recia culinaria… Son las Terras de Trás-os-Montes un enclave que –esta vez sí– realmente justifica las tan sobadas muletillas de “destino por descubrir” o “el diamante en bruto al que le falta promoción”. A dos pasos de Zamora o El Bierzo, el fulgor galego, la despensa atlántica y la embriagadora magia de Oporto quizá hayan restado lustre y visitas a los muchos matices de las portuguesas Terras de Trás os Montes, que cuenta con un área de 4370 kilómetros con muchísimo que olfatear, degustar y trasegar, tanto en su Terra Fria como en su Terra Caliente, que así se divide atendiendo a su climatología y sus accidentes en el mapa. Sus más de 117 000 habitantes son de una franca generosidad y un desprendimiento infrecuente, genuino y suculento. Miguel Torga, novelista, articulista y gloria local, dejó dicho que estas latitudes son “un reino maravilloso”, donde la gente primero deja entrar en sus casas al visitante para una vez reconfortado, preguntar su nombre.


Sorteamos el umbral de esta road movie –a ser posible con música de Né Laderas en la guantera– en la localidad de Miranda do Douro. Muchos castellano-leoneses conocen de sobra esta balconada granítica y fronteriza, escala donde se surtían de ajuares, sábanas y demás textil doméstico. Hoy el visitante se asoma a los Arribes del Duero en paseos “ambientales” en barco, se maravilla ante el sigilo de los acantilados y escucha viejas historias de contrabando que se remontan a nuestra Guerra Civil. En estos pagos aún se saludan y piden (riquísimo) café en mirandés, la segunda lengua oficial portuguesa, donde solo las gentes de honra pueden vestir la capa alistana o ejecutar la danza de los paloteros.


[Img #16488]En los almuerzos, jugosa y tierna ternera (de vaca mirandesa) acompañada de grelos, y lechón de Bairrada anteceden a un postre de tronío: las siete capas de la bola mirandesa –elaborada con masa de trigo enriquecida con huevos, aceite de oliva y mantequilla– perfuman de canela y fuego de horno muchas posadas y restaurantes. También la hay de carne, jamón, tocino y chorizo. Su precio, unos 22 euros. Miranda es una cápsula en el tiempo, como si fuera un gigantesco escrinho (cesta panera de paja de zarzamora y centeno) que aún tiene oficio en la localidad de Vilar Seco en el concelho de Vimioso. Tampoco conviene olvidar la Feria del Pan de Caçarellos, que se celebra el último fin de semana de abril. Para el relax, las Termas de Vimioso brotan con gran poder curativo de las aguas de Terronha, ubicadas en el margen del río Angueira y siendo un hito ineludible en las cinco comarcas que conforman la Terra Fria del norte. El itinerario se va pincelando con cielos dramáticos y paisajes serenos, prados de cenagal, bosques de castaño y melojo, donde las gentes ofrecen miel y compotas, quesos frescos de cabra, pasteles de almendras, licores de ginja (aguardiente de guindas) o ese bacalao frito que se daba como recompensa a los agricultores el último día de vareo de los olivares. Esa jornada se denomina aún la burra, festejo donde abundan los embutidos, los perniles y las sardinas. El coche resulta la mejor opción para puntear cada recodo, cada soto, cada peña. En el firmamento se recortan las siluetas melladas del castillo de Algoso, imponente y solitario como un cíclope esperando resurrección o alguien a quien amar. Casi a su lado se ubica la localidad de Uva donde la arquitectura de palomares atrae a visitantes enamorados de la colombofilia. Aún es posible hallar en viejos recetarios opíparas recetas de barrosos (pichones) si se pregunta a los lugareños...


[Img #16498]Vides de vértigo


Entre el río Duero y el Tua se ubica la otra subregión que muestra orgullosa sus rasgos agrícolas y la templanza de su termómetro. La Tierra Caliente Transmontana la forman los municipios de Mirandela, Macedo de Cavaleiros, Alfândega da Fé, Vila Flor y Carrazeda de Ansiães. El río Sabor riega los valles, y en sus bancales se acodan vides de vértigo. Las variedades de touriga franca y touriga nacional son trabajadas con delicadeza en la bodega de Quinta de Holminhos. “Tenemos producción integrada, semibiológica. Son unas 12 hectáreas, la mayoría para elaborar tinto, aunque también tenemos olivos y colmenas. Sacamos al año 40 000 botellas”, explica Víctor Teixeira, gerente de la bodega, mientras ultima un suculento plato de patata cocida, grelos, huevo escalfado y alheiras, el embutido totémico, vigorizante y omnipresente que generalmente se rellena con miga de pan de trigo, ajos, pimentón, carne de gallina o pavo.


[Img #16494]En la localidad de Mogadouro todos conocen bien la leche de oveja terrincha y su queso Terrincho. Tiene D.O.P. y cientos de medallas ganadas en sitios lejanos. En Quinta de Veiginha elaboran unos 4500 a la semana. Se prensa en tres horas, se cura en una primera cámara ocho días y en una segunda refrigeración se tira hasta dos meses. Se voltea una vez cada siete días. Los despachan picantes, apimentados, con simientes de fiolho (hinojo), curados en centeno… Deliciosos. “Vendemos la pieza de 750 gramos de queso terrincho a unos 27-28 euros. También trabajamos con restaurantes portugueses con estrella Michelin”, asegura Telmo Ramos, maestro quesero. No muy lejos de sueros y cuajadas se ubica el ahumadero de Pedro Bebiano. Huele a pira de olivo y de carrasco. A su lumbre se cura salpicaos (una especie de chorizo que se condimenta y adoba con vino, ajo, pimentón, naranja, cayena…), chouriças, morcillas dulces de canela y miel, y hasta botillos, que remiten a la vecina León.


[Img #16489]Un cerdo distinto


Más al norte, Vinhais se erige como la capital del cerdo bísaro –que por fisonomía evoca al porco celta gallego– y de todos los productos que de sus carnes se aprovechan. Hay factorías que sacan más de tres toneladas al día de ricas alheiras, por lo que el pueblo es un foco de peregrinación de los adoradores del cochino, cuya fiesta invernal es una algarabía de interés general. A este particular, el Centro Interpretativo del Porco e Fumeiro sacia la curiosidad y el hambre de conocimiento todo el año. El descanso reparador aguarda en el concelho de Bragança. Ciudad universitaria, plena de júbilo, está hermanada con La Bañeza, Zamora y León. También con la gastronomía y la historia. Pasear por el sosegado pavés que alfombra su castillo del siglo XII, contemplar sus cielos prístinos estará más a mano cuando la alta velocidad arribe a Sanabria, estrechando el vínculo ibérico con la calmada capital de Trás os Montes, que condensa toda la bonhomía, suculenta y sin dobleces, de estas terras.

 


 


Aceites sublimes


En el Val do Tua, en los alrededores de Mirandela, brota la aceituna verdeal transmontana. Lo relatan con detalle en el Museu da Oliveira e do Azeite, que abrió en 2017. Se cifran en 84 000 hectáreas de olivares con unos 38 000 productores. Se trata de suelos pobres, de esquistos y pizarras, con olivos situados entre 200 y 750 metros de altitud, en los que la verdeal, la madural y la cobrançosa expresan toda su franqueza.

 



 

 

 

Agenda

 

Comer


El Lagar de Nicolau


Se ubica en las callejuelas de Azinhoso y está regentado por una familia (pionera) al completo que cree a ciegas en los atractivos de la zona. Dan de comer estupendamente y te sientes como en casa entre sus paredes de piedra, su escaño (banco abatible para comer) y su chimenea. Marrana virgen, fabada con casulas, chichos con piri-piri, ensalada de maruxas… y unos postres de abuela (leite crema, rodero de mirandesa) de gloria pura. Tel.: +351 279 348 273 .


[Img #16491]Maria Rita


En Mirandela, esta vieja posada la familia Menéres ofrece productos de la tierra (ensopado de espárragos silvestres, además del inexcusable bacalao), su propio aceite y su vino (añadas históricas). No olvides visitar un nostálgico Museo de las Curiosidades fundado por Clemente Menéres.


G pousada


Los hermanos Gonçalves, a la cocina y la sala, regentan el único establecimiento con estrella Michelin de toda la región. Se ubica en el hotel-parador Pousada de San Bartolomé (Bragança) y es punta de lanza (reinventada) de la culinaria de Trás os Montes. Producto honesto y toques intrépidos. El alarde de la sumillería es de agradecer.

 


Dormir


[Img #16492]Hotel Spa Alfândega da Fé

Pareciera un refugio de montaña o un hotel de ski de los Alpes, donde la vista no alcanza horizontes. Cuenta con todas las comodidades y un circuito de spa muy completo, a lo que sumar unas amplísimas habitaciones y una oferta gastronómica estimable.

 

 

[Img #16496]No hay que perderse


El Parque Natural de Montesinho y más concretamente el Parque Biológico de Vinhais que expone todo un muestrario natural. Razas autóctonas, placidez y sigilo se dan la mano en esta especie de granja-reserva con alojamiento con encanto.


En el municipio de Bragança, en la aldea de Parada de Infanciones, se elabora el único vino producido en la zona, o sea vinho regional transmontano. Las viñas son centenarias, en pie franco, con más de 120 años y donde poder conocer de cerca más de 20 variedades distintas.


Dedica una tarde al Parque Ibérico de la Naturaleza y pasea a lomos de un burro mirandés en pleno Valle de Vimioso, así como una visita al parque de Acibo; por último, recala luego en la villa de Podense para comprar un souvenir de sus universales y diabólicos caretos.

 

 

Más información en Turismo de Porto e Norte de Portugal

 


 

 

 

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