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PASIÓN CACEREÑA

Autor: Sir Cámara
Domingo, 23 de junio de 2019

Un viejo colega, autónomo también de casi toda la vida y de ligereza dactilar, me escribe el otro día una ristra de texto en formato WhatsApp desde algún lugar, que no me precisó, de la comarca de La Vera que, agradecida y emocionada, tengo la sensación de que le dijera aquello de “gracias por veniiir…”

 

Pues eso, que en un lugar de la Vera, arropado por la sierra de Gredos y refrescado por el río Tiétar, se dio con el censo caprino, casi como don Quijote, que se fue tras unos cabreros que estaban preparando tasajos, que hoy también se elaboran con el porcino del lugar,como los que le recomendó un fino comerciante de Valverde de la Vera. Igualmente, las sensibilidades se le despertaron cuando probó un queso de cabra cuya pasta portaba pimentón, de la Vera, claro, y otro simplemente empimentonado. 

 

Para aligerar el tránsito de aquello, cuenta el autónomo, -hoy jubilado- que pidió referencias de algo que tuviera más méritos que los tradicionales vinos de pitarra, que desde tiempos de los romanos se hacían en Extremadura y sus proximidades geográficas. Pero pidió algo más grato, no por él, que es muy educadito y receptivo, sino por el paladar, dada la elevada graduación alcohólica de estos caldos.

 

-Algo más acabado, más placentero, que desinfectantes llevo en el botiquín del coche, dice que dijo.

 

Le sirvieron una copa de Paiva, un afluente del Duero en Portugal, de bodegas Martínez Paiva, denominación Ribera del Guadiana, y luego otra de lo mismo pero con crianza. Le comentaron que era de Almedralejo y, en la charla, descubrió que por allí había muy activas bodegas que no dejaban indiferente a nadie.

 

Al día siguiente, y agradecido porque no me relató sus habilidades nocturnas, prosiguió el relato y, ya metidos en vinos del lugar, me aconsejó uno que buscó y buscó y no encontró: viña Jateal, denominación de la Tierra de Extremadura  que le sirvieron en un más  que digno restaurante de la calle Zaragoza de Jaraíz de la Vera, FEZUR. Familiar, en el que alternan en el servicio de mesas un ya casi letrado y un maestresala, que está realizando sus prácticas con un gran chef de un restaurante situado en el paseo de la Castellana de Madrid. Excelente la elaboración y el servicio.

 

Parece ser que  el  whatsAppero jubilado y pesado, rastreó tiendas de escaso perfil comercial, otras de cierta relevancia e incluso las grandes cadenas de proyección estatal a escala de cada lugar. En una de estos comercios dice que preguntó por la sección de vinos, le señalaron allí, en la “línea de cajas”. Miró y remiró y no vio ninguno de la tierra.

 

-¿No tienen vinos extremeños…?

 

-Sí, respondió la cajera señalando con el dedo a unas botellas de Marqués de Cáceres.

 

Sin palabras, como en algunas escenas de humor gráfico directo. No sin reflexionar qué habría dicho si le hubiera preguntado por unos vinos de la Ribera del Támesis…

 

Por lo demás, dice que la comarca de la Vera está en sus planes para repetir. Pues eso

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