Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Enviar por email
En pie, en marcha

Bodegas Arrayán o la reinvención del viñedo mentridano

Autor: Luis Vida. Imágenes: Arcadio Shelk
Martes, 16 de julio de 2019
Noticia clasificada en: Vinos D.O. Méntrida

Arrayán condensa una revolución enológica. El renacer de los vinos de Gredos ha traído nuevos aires a la bodega, que suma a su catálogo nuevos vinos y ha reinjertado parte de su viñedo con variedades casi extintas y en recuperación.

Santa Cruz del Retamar está a menos de una hora en coche de Madrid. De allí parte el camino de tierra entre colinas onduladas que bordea un viñedo nacido de la nada hace 20 años, cuando contó con el asesoramiento de lujo del experto “diseñador de viñas” australiano entonces de moda, Richard Smart. Las cepas en espaldera de cabernet sauvignon, syrah, petit verdot y merlot respetaron el bosque de encinas original y hoy sus gruesos troncos nos cuentan que están alcanzando una edad interesante. 

 

[Img #16591]“Mi marido compró esta finca en el año 98 para estar cerca de Madrid, cuando estaba a punto de jubilarse de su actividad empresarial”. María Marsans, la actual propietaria, creyó –cuando le dijo que iba a plantar unas viñas– que eran para elaborar vino para el consumo familiar. No pudo imaginar que un día tendría que hacerse cargo de un proyecto bastante más grande. “José María había tenido experiencias con el vino y visitado bodegas en Francia, Italia y otros sitios, donde descubrió un mundo que le fascinó. Se asesoró con Carlos Falcó, el Marqués de Griñón, que trajo a Smart para estudiar el relieve, el suelo y el clima y decidir las variedades de uva y los sistemas y densidad de la plantación. Hoy hemos modificado un poco su sistema porque esta tierra es muy pobre y no da tanto rendimiento como él proponía. Son suelos muy profundos de arena con muy poca arcilla, como en todo Méntrida. No retienen casi agua y hay que regar las variedades internacionales porque se bloquearían en verano”.

 

El relevo femenino

 

María no quiso intervenir en un proyecto tan personal, “pero no tenía mucho sentido dedicar 26 hectáreas a un viñedo familiar. ¡Se nos iba a salir el vino por las orejas! Enseguida vi que él tenía cosas en la cabeza que no había contado y, al jubilarse, empezó a darle un enfoque empresarial y a contratar gente como el enólogo Miguel Ángel de Gregorio, pero yo no podía imaginar en lo que esto se iba a convertir. Hubo una serie de reuniones a las que vino Carlos Falcó con los del Consejo Regulador de Méntrida y se dudó mucho entre intentar un pago en solitario o entrar en la D.O. como hicimos al final. La primera añada salió al mercado en 2002 y en 2004 José María tuvo un accidente en la finca, se quedó en silla de ruedas, con una lesión cerebral importante y ya no pudo ocuparse mucho”.

 

[Img #16592]Tras fallecer su marido en 2008, María tuvo que plantearse que tenía una bodega en marcha que atender. “No me importaba empezar de cero y formar un nuevo equipo. Necesitaba sentirme cómoda porque, aunque había acompañado a mi marido durante toda su enfermedad, sabía muy poco del mundo del vino. Carlos Delgado, uno de los primeros periodistas especializados que conocí, me presentó a Maite (Sánchez) y me dijo que era la persona que necesitaba. No es fácil incorporarse a un proyecto en el que había un enólogo con tanta personalidad como Miguel Ángel de Gregorio y me costó convencerla. En el verano de 2009 entró en la bodega y hoy estamos muy contentas de habernos conocido porque juntas hemos ido haciendo grandes cambios. Ella ha tenido que entender esta tierra y este clima y cómo se portan aquí nuestras viñas aunque venía con otras ideas y, desde el primer día me preguntaba, cada cinco minutos, por la garnacha”.

 

La enóloga empezó pronto la búsqueda de viñedo en altitud para conseguir acidez fresca y finura en una variedad que madura bien y da grado. “La Garnacha de Arrayán salió al mercado en el 2011. Nos fuimos a los Galayos, una zona de pizarra a 960 metros en pendiente fuerte que está en Cebreros (provincia de Ávila), junto a la viña de Telmo Rodríguez, donde primero arrendamos y luego compramos una parcela que hoy forma parte de un nuevo proyecto”. Un desarrollo que incluye también el ensayo de algunas variedades de uva minoritarias que les aconsejaron en el Instituto de la Vid y el Vino de Castilla-La Mancha (IVICAM), donde están trabajando en la recuperación de uvas “perdidas”. “Tenemos en marcha un estudio con la Universidad Politécnica de Madrid sobre sus rendimientos, ciclo vegetativo y vendimia, porque queremos saber por qué fueron abandonadas en su momento. Quizá entonces se buscaba más la producción que los parámetros de calidad que hoy tenemos. El año pasado fue el primero que tuvimos una producción suficiente como para elaborar por separado al menos una barrica de cada una”.

 

La perra Trufa nos acompaña a ver las cepas en las que están reinjertando algunas viñas de merlot con estas variedades. “La merlot es la que menos nos funciona, la más complicada porque enseguida se deshidrata. La syrah es la que mejor se adapta a las zonas cálidas pero está teniendo problemas de rechazo del portainjertos. Las que mejor van aquí son la cabernet sauvignon y la petit verdot, que tiene un ciclo muy largo, aunque la calidad depende mucho de la añada. De las variedades nuevas, estamos muy contentos con los resultados de la graciano, que fue la primera que injertamos. Trabajamos todo en ecológico y estamos certificados desde 2016 tanto en viña como en bodega”.

 

La sombra de Gredos

 

[Img #16593]La explosión del fenómeno Gredos ha afectado a toda la comarca y, por supuesto, a esta finca que no se ubica en el área, pero sí bajo su influencia. “Aquí no estamos todavía en la sierra, pero sí en sus aledaños y nuestros 500 metros de altitud marcan una gran diferencia en el clima. ¡En verano aquí hace 40º de noche y 40º de día! Cerca está el Real de San Vicente, donde los suelos no son tan profundos, ya aflora el granito y están también Jiménez Landi y Canopy. Trabajamos algunas viñas viejas a unos 750 m de altitud y el vino –La Suerte de Arrayán– salió en 2012 y es muy diferente al de Cebreros, menos concentrado, más etéreo”.

 

El primer blanco, de la variedad local albillo real, llegaría pronto. “Almorox está a 600 metros de altitud, ya cerca de San Martín de Valdeiglesias, y tiene la misma tierra arenosa y profunda. Es una villa que sale en el Lazarillo de Tormes porque antes era todo albillo, una variedad que se consumía en Madrid y Valladolid como de uva de mesa. Hoy es un lujo porque es muy escasa ya que se tiene que recoger a primeros de agosto, todo un inconveniente, pero tiene mucha personalidad y produce blancos que por su cuerpo casi parecen tintos. Vamos a hacer también un albillo de Cebreros en tinaja, que aporta una crianza muy neutra sin la influencia aromática de la madera y que te muestra la variedad muy pura, tal y como es”.

 

En la bodega de crianza, estas tinajas se unen a las barricas de roble francés en las que reposan el resto de los vinos. ¿Llegarán pronto al mercado? Para la enóloga, que está experimentando con 15 tipos de uva, sería precipitado dar una conclusión tras una única añada. “Quizá la misión de algunas será formar parte, mezcladas, de un vino de finca. Con la graciano tenemos más experiencia y funciona muy bien como varietal, pero no queremos tener demasiadas referencias por el tema comercial”. María, la propietaria, asiente y sonríe. “Maite ha empujado las innovaciones, pero nunca ha dejado de lado las otras variedades, que son base de casi todos nuestros vinos y que han mejorado muchísimo al librarse de esa pesadez que estuvo de moda hace unos años. Nuestros vinos clásicos hoy son más ligeros, tienen otro aire, con más juventud y frescura”.

 


 

 

Uvas de ayer y de mañana

 

Entre las recuperaciones catadas, están la garnacha blanca y la gris, que parecen encajar muy bien juntas, así como la mizancho, una variedad que aporta cuerpo y aromas a frutas blanca como el albaricoque. De las tintas, destaca la moravia agria por sus toques de monte y guindas, con una boca fresca de trago largo, la garnacha peluda por su jugosidad y los curiosos resultados de rufete y bruñal, unas uvas que nos suenan más a la Sierra de Salamanca y la frontera portuguesa, pero que fueron tradicionales en Castilla.

 

 

 

Enlaces automáticos por temática
Compartir en:
Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Sobremesa: revista de gastronomía y vinos
Revista Sobremesa • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2019 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress