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Irreversible

Hay más vino malo que aviones estrellados

Autor: Santiago Rivas. Imagen: "Corks from around the world"-hurricanemaine-CC BY 2.0
Jueves, 18 de julio de 2019

Hoy vengo a hablar de la transferencia de riesgo. Hay menos accidentes aéreos que vinos malos

La explicación a este hecho es sencilla, al menos en la superficie. Los implicados en un vuelo no tienen ningún interés en que un avión en estrelle, unos porque van dentro (pilotos y personal de cabina) y otros porque la negligencia en su trabajo (personal de mantenimiento, torre de control… etc) les va a acarrear graves consecuencias. Por ello, tareas aburridas como puede ser revisar el fuselaje, mirar una pantalla de radar o apretar tuercas, dejan de ser aburridas o, al menos, en parte, al depender tu vida o la de otros de ello.

 

Sin trasferencia de riesgo, los errores, que siempre existirán habiendo mamíferos por medio, se minimizan. El problema ocurre con las profesiones en las que el riesgo se endosa. El famoso “es el mercado, amigo” de Rodrigo Rato es un ejemplo: si el contexto es bueno, te hace ganar dinero, pero si es malo, la culpa es del mercado y las consecuencias las acarrea otro, en este caso, la entidad Bankia. Esta praxis se da también en política, periodismo, profesores de economía… y críticos de vino.

 

Los críticos o divulgadores de vino, en su inmensa mayoría, son unos grandes transferentes de riesgo. Un ejemplo sería cuando se prestan a campañas de publicidad (sin indicar que lo son, lo cual, además, infringe la normativa al respecto) en las que cobran por decir que un vino está muy bien cuando saben que no está muy bien. O cuando conocen que, de hecho, está muy mal. Los winelovers de turno les hacen caso, no sabiendo que se trata de un contenido pagado, lo compran, y como esto del vino genera comportamiento mimético (a nanoescala, eso sí) la bodega consigue unas ventas que hacen que al año siguiente sigamos teniendo el mismo brebaje.

 

Conclusión 1: si a cada winestar que cobra por promocionar, sin avisarlo, un vino que no recomendaría de no haber dinero por medio le pudiéramos dar un botellazo en la cabeza, se acabaría esta fea praxis y existirían menos vinos malos. El riesgo volvería a su originador.

 

Aunque esto es solo una derivada del problema de la transferencia de riesgos; hay más. Otra, por poner otro ejemplo, es la de los defensores del corcho. Aquí voy a hacer una precisión, y es que por mi propia ignorancia desconozco si hay algún fabricante de corcho que garantiza un producto libre de TCA. Y no me refiero a que te indemnice si falla, no; hablo de ausencia de fallo, no de compensación.

 

Si es así, lo que va a continuación no va por ellos.

 

El caso es que la mayoría de defensores del corcho (dentro del sector profesional) suelen apelar al romanticismo y a la lírica del ritual para defenderlo, pero el caso es que el porcentaje de botellas contaminadas por TCA, tomando como fuente a la propia industria corchera, se va a una media del 5% de la producción total.

 

No es poco.

 

Pero claro, a estos profesionales, si les sale un corcho tienen otras doscientas botellas del mismo nivel para reemplazarla y una posición de privilegio para que les compense la bodega. A ti, lector, no. Tú, si descorchas una botella especial para ti y resulta que está imbebible, lo normal es que no tengas muchas más para reemplazarla y, directamente, se te estropee la velada; por no hablar de que lo mismo contactas con la tienda que te lo vendió, o con el elaborador, y no te haga ni caso. Esto ha pasado.

 

También las bodegas resultan afectadas. Sé de alguna que ha tenido que tirar producciones enteras por detectar TCA poco tiempo después de embotellar.

 

Conclusión 2 (muy parecida a la Conclusión 1): si pudiéramos dar un botellazo en la cabeza a cada defensor del corcho cuando un vino nos sale con TCA, lo mismo dejaban de recomendarlo.

 

Y es que, sobremesers, la cuestión de fondo hoy no es ni siquiera vínica. La transferencia del riesgo, además de no ser ética, impide el progreso de la civilización. Así de simple.

 

 

 

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