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Restaurante Coscolo

Cocido Maragato de Castrillo de los Polvazares, singular

Autor: José Manuel Vilabella. Imágenes: Archivo
Viernes, 30 de agosto de 2019
Noticia clasificada en: Restaurantes en León

Dios nos cría y Gustatio nos junta. Nos junta para protagonizar un evento que roza el surrealismo, tan en boga en las cosas del comer. Se impone lo insólito, lo raro, el doble salto mortal, lo nunca visto.

El cocido maragato que se sirve en Castrillo de los Polvazares (León) ya es singular de por sí. Los antiguos arrieros se comían primero el compango, después los garbanzos con verdura y por último la sopa. Todo ello con el pan y el recio vino de la tierra. Las razones de la pirueta de empezar por el final y terminar en el principio son varias, todas misteriosas y hoy se envuelven en la niebla del olvido. Esta receta genuina tiene, por lo menos, 300 años. La llegada de Eva –señora encantadora que reina en la sala– y su marido Pedro –cocinero sobrevenido que tiene la bondad de los gigantes– revolucionó el mundo inamovible de la maragatería cocineril. En su restaurante Coscolo se permiten pequeñas licencias como añadirle morcilla al primer vuelco. Incorporar una patata asada entera que se degusta con una salsa secreta en el segundo y dejan, como está, la sopa de fideos primigenia. ¿Y si maridamos cada vuelco con un champagne distinto, con burbujas que se adaptan como un guante y que selecciona el mítico Piro, sumiller de Zalacaín? El experimento es un éxito. Las burbujas se llevan bien con los garbanzos, se quieren, juraría que se hacen amantes en una coyunda fugaz y sin futuro. Este baqueteado crítico lo certifica. El firmante se fuma un puro por las desiertas rúas de Castrillo, en ese tiempo encapsulado e inquietante en que se percibe, todavía, la presencia de los arrieros muertos.

 


 

[Img #16632]Maragatos y otros pueblos malditos

 

En la España profunda los maragatos sintieron la marginación injusta de los pueblos malditos como los vaqueiros de Alzada o los agotes. Los maragatos se casaban entre ellos para no tener que repartir sus haciendas. La llegada del ferrocarril, allá por la mitad del siglo XIX, terminó de forma abrupta con los arrieros, los primeros que recorrieron caminos de la España invertebrada.

 

 

 

[Img #16631]Hotel Gaudí

 

El viajero, desde la habitación de un delicioso hotel, se asoma a la primera obra de Gaudí y a la catedral multicolor y misteriosa. El viajero está cansado y doña Paz, la propietaria, le trata como una madre y le sirve una cena espléndida. “Pero, señor Vilabella, ¿se come bien en un hotel de tres estrellas?”, preguntará el curioso lector. “En éste se duerme bien y se come de coña. Se lo juro por mi madre, oiga”.

 

 

 

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