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Comer, beber, amar

Supervivencia

Autor: Mayte Lapresta
Domingo, 11 de agosto de 2019
Noticia clasificada en: Enoturismo en Santa Cruz de Tenerife

Sin duda, el afán de superación de nuestra especie es algo poderoso y heroico.

A veces ese vencimiento de las dificultades puede desembocar en resultados excéntricos o llamativos, donde la imaginación juega un fuerte papel, pero también el sacrificio, que ante la necesidad nos hace mucho más fuertes de lo que nunca imaginamos.

 

Desarrollamos habilidades increíbles que nos agarran a la vida con fuertes raíces, así como nos convertimos en vulnerables en tan solo un ligero cambio de viento. La naturaleza es así de maravillosa. Ante la devastación de un incendio un brote verde se abre paso entre las cenizas. Una gota de savia o de sangre es suficiente para volver a la lucha, para perdurar, cambiar y a veces, mejorar.

 

Azotan los alisios en el lunático valle de La Geria. El horizonte de cráteres se torna rojizo en una puesta de sol extraterrestre. Tras la erupción de 1730, Lanzarote quedó arrasada por ríos de lavas y valles de cenizas. Contemplando estos negros suelos parece imposible pensar que la vida, inquebrantable y testaruda, se abriría paso de nuevo. El hombre que la habitaba no quiso abandonar su hogar ni rendirse y los huertos tornaron a viñedos imposibles hechos a base de esfuerzos imposibles. Duros hombres para plantas duras que soportan la eterna sequía.  Sol, viento, estrés hídrico extremo. La listán negro a punto de reventar de color asoma, bellísima, entre el leve envero del que Lanzarote presume en junio. La malvasía volcánica, dama aromática de la isla, ya apunta maneras. Hay viñas en las que no puedes sino sentirte orgulloso del mundo en el que vivimos, del mundo que hemos construido.

 

Anochece… curiosamente la lluvia, fina y suave, cae sobre negro. El viticultor sonríe.

 

 

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