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Escapada con encanto

Madeira, la isla vertical de la que te quedarás prendado

Autor: Teresa Álvarez. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Viernes, 6 de septiembre de 2019

Bien llamada “Jardín del Atlántico”, Madeira exhibe frondosidad extrema en paredes que caen en picado al mar. Abajo, pequeñas playas recónditas que alzan la vista, imponente y orgullosa, hacia una de las islas más bellas de Europa.

En pocos lugares del mundo la magnificencia del paisaje deja sin respiración. Es como si contuvieras el aire en el cuerpo para que nada interrumpa el momento, ni tan siguiera la exhalación. De origen volcánico como sus primas hermanas las Azores y a tan solo 500 kilómetros de la costa africana, el archipiélago de Madeira está formado por dos islas principales, Madeira y Porto Santo y dos conjuntos de islas deshabitadas, las llamadas Islas Desiertas y las Islas Selvagens. Todas ellas bellísimas, la principal, Madeira, reúne todas las posibles actividades, excursiones y visitas para no precisar ni un solo añadido a su inmenso encanto.

 

[Img #16750]Suave y agreste


Cuando preguntas cuál es el mejor momento para viajar a esta isla de clima subtropical, los locales se encogen de hombros. “¿Quizás ahora?”. Con unas temperaturas suaves tanto en verano como en invierno, el tiempo en Madeira es bastante imprevisible, cambiando de un día para otro (e incluso de una vertiente de la isla a la contraria). Pero este destino no es un lugar donde clavar la sombrilla y untarse bronceador. Madeira es paisaje para recorrer, viajar y vivir: tiene playas, la mayoría creadas con arena blanca o negra; tiene piscinas naturales inolvidables que hacen las delicias de instagramers como Porto Moniz y Seixal; pero lo que sobre todo posee es un atractivo natural impresionante que la hace única.

 

[Img #16745]Belleza extrema


Acantilados, estrechas vaguadas, bosques prehistóricos, huertos imposibles. Quien visita la Faja dos Padres no la olvida nunca. Un acantilado absolutamente vertical con una playa abajo rodeada de viñedo y huerto y dos restaurantes de aquéllos donde, te pongan lo que te pongan, todo sabe a gloria por el lugar donde se ubican. El acceso a este lugar imposible se hace a través del teleférico, medio de transporte que se utiliza no solo con finalidad turística, sino también para subir la uva en vendimia y acceder a las tierras para cultivarlas. La bajada es impresionante, como también lo es el paseo entre esos huertos inaccesibles. Para volver, un timbre avisa de que se necesita que baje de nuevo la cabina del teleférico.

 

 

[Img #16751]A través de levadas


Verdadero paraíso para el senderismo, el trekking en Madeira está claramente asociado a las levadas, esos cientos de kilómetros de senderos creados junto a las canalizaciones de agua que mantienen el riego constante y el agua potable de una isla de irregulares lluvias, recogiendo la humedad que genera su inmensa foresta para repartirla equitativamente por toda la isla. En el sur, nos conducen entre viñas emparradas, en ese doble cultivo curioso de la isla, donde la sombra de la parra permite la siembra de patata. Hay que aprovechar el minifundio diminuto de un terreno donde escasea la llanura. Al otro lado, pequeñas subidas y bajadas para atravesar bosques de centenarios tilos hasta llegar a las cascadas en la ruta de Caldeirao Verde. Dos ejemplos de las decenas de caminos que atraviesan una y otra vez la isla en un paraíso absoluto para el amante del paseo.

 

[Img #16747]Bella Laurisilva


Declarada Patrimonio Mundial natural de la Humanidad por la Unesco en 1999, solo las islas que componen la Macaronesia (Azores, Canarias, Cabo Verde y Madeira) han conservado este bosque indígena del Terciario. Con especies únicas de laurel, tilo, barbusano o lirio del valle, esta fronda ocupa casi el 70 % de la superficie de la isla y recorrerla es una verdadera inmersión natural, con múltiples itinerarios que atraviesan esta reliquia natural de árboles centenarios, helechos, musgos y líquenes.

 

Jardines en Funchal


[Img #16753]En Madeira también hay momentos urbanos. La capital, con más de 110.000 habitantes, posee un interesante centro histórico, un mercado impresionante (Dos Lavradores), un puerto coqueto y una orografía abrupta, como toda la isla. Desde el nivel del mar se precisa un funicular para llegar a múltiples puntos de la ciudad e incluso teleféricos para acceder, por ejemplo, al Jardín Botánico (35.000 metros cuadrados) con sus dragos centenarios y sus vistas increíbles. La bajada, los más atrevidos la hacen en los tradicionales “carros de cestos”, una aventura vertiginosa de dos kilómetros por las curvadas y empinadas calles de Funchal.

 

[Img #16752]Océano y tierra


La riqueza marítima de la isla se percibe claramente en su cocina tradicional. Con toques muy portugueses, hay platos difíciles de encontrar en la península como el pulpo en escabeche, las lapas a la parrilla, el filete de “sable” (ellos llaman al plato pez espada preto, pero nada tiene que ver con el nuestro) o las espetadas de pescado o carne unidas por un palo de laurel y acompañadas de maíz frito y bolo-do-caco (pan de batata tradicional horneado sobre piedra de basalto –caco– que se acompaña de mantequilla de ajo). Pero si hay algo que sorprenda especialmente en los mercados de Funchal son las frutas tropicales. Mango, maracuyá de cien variedades (tomate, piña, plátano, naranja…), annona, chirimoya, banana, papaya, guayaba. La lista es interminable y los puestos son verdaderos paraísos multicolores llenos de aroma. A la hora del postre, como buen portugués, el madeirense se recrea en recetas tradicionales basadas en productos locales como la miel de caña de azúcar, los frutos secos y las especias. Entre los muchos destacables, el bolo de mel, las bolachas de mel, el guardanapo (servilleta en español) y la queijada de requesón, la mayoría bien elaborados en la antigua Fábrica Santo Antonio, con sus maravillosas latas de galletas.

 

[Img #16757]Vinos eternos


De las 30 castas que se plantan en la isla, cinco son las variedades más populares para la elaboración del mítico vino de madeira. Malvasía, boal, tinta negra, verdelho y sercial, estos dos últimos para vinos secos principalmente, aunque el renombre se lo lleva el vino fortificado, cálido y dulce, que se consigue sometiendo al vino base a un calentamiento o estufagem o de manera más lenta en canteiro. Se trata de añadas históricas para vinos que duran siglos y para calidades inolvidables. Un viaje a la “isla jardín” no puede obviar la cata y disfrute de estos vinos tan especiales, con una simbólica estética que recuerda a los oportos.

 

 




Mucho más que vino


No puedes irte de la isla sin probar su célebre ponche, elaborado con aguardiente de caña de azúcar, miel y lima (incluso elaborado con su propia piel para darle mayor amargor), todo machacado con el palo o mexelote. Si eres de cerveza la marca más popular es Coral, suave y refrescante. Para el momento sin alcohol, el refresco Brisa Maracuyá, elaborado allí prácticamente para consumo interno.

 

 


 

 

 

 

Agenda

 

Comer


Chalet Vicente


Buena terraza y excelentes materias primas en el centro de Funchal. Especialidad en Espetada.
 

[Img #16746]Fajá dos padres


Vistas inolvidables y una bajada en teleférico para llegar a un restaurante especializado en cocina del mar.

 

 

 

 

[Img #16754]Santa María


Bonito restaurante con cocina tradicional renovada.


 

Dormir

 


Quintinha Sao Joao


Bonito hotel con bellos jardines, piscina exterior e interior y buenas habitaciones. Un jardín escondido en medio de la ciudad.

 

Quinta do Furao


Bellísimo hotel con restaurante rodeado de viñedo. Posee un antiguo lagar tradicional. Una de las vistas más espectaculares de la isla.

 

Casas do Lanço


Un lugar mágico con pequeñas casas de alquiler.

 


Conocer


Engenhos do Norte


Destilería de ron de caña de azúcar, la única de Europa que todavía funciona con máquina de vapor. Visitas y catas gratuitas.


 

Terras do Avó


Pequeña bodega familiar donde poder organizar una comida entre viñas con buenas vistas al océano.

 

 

Blandy's


La bodega perfecta para conocer los secretos del vino de Madeira. Magníficas instalaciones y rutas guiadas.


 

Fabrica de Sto. Antonio


Lugar imprescindible para probar y comprar bolos de mel, broas, bolachas y rebuçados (caramelos). Con más de 120 años de historia (en la imagen superior). Muy cerca de Funchal y del Jardín Botánico.


 

Uaucacau


Revolución del chocolate de la mano del artesano Tony Fernandes. Un descubrimiento.

 

Más información en Turismo de Madeira y Explore Madeira

 

 

 

 

 

 

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