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Los gustos y los caminos

El viaje de Anastasio

Autor: César Serrano
Sábado, 21 de septiembre de 2019

Cuando Anastasio Izquierdo Elizo regresó a picote de Traslasierra habían pasado algo más de 50 años del día de su partida.

Llegó en una vieja bicicleta con alforjas de lona, lucía una barba desaliñada y canosa y una larga melena blanca con mechones tostados donde parecía dormir el sol.

 

Le sorprendió la ausencia de niños en las calles, también de hombres y de mujeres. Tampoco los perros buscaban desperdicio alguno para saciar su hambre. Tan solo un cartel luminoso parecía tener vida en Picote: bar El Mirador. No conseguía situar el espacio sobre el que se había levantado la moderna y acristalada edificación.

 

Entró en El Mirador. No había nadie. Tras una cortina hecha con chapas de botellas, apareció una mujer sonriente. Le preguntó qué deseaba. “Un vino tinto”. Con el vino llegó una escudilla con patatas revolconas. La mujer y la sonrisa permanecían expectantes, en silencio. Él también callaba mientras miraba el paisaje que se abría a través de los ventanales. Se volvió hacia la mujer. “Tú debes de ser de los Regadera, todos los Regadera tienen los ojos achinados”. Sorprendieron estas palabras a la mujer de la sonrisa, que afirmó ser una de las hijas de Andrés Regadera.

 

“Yo soy Anastasio Izquierdo Elizo, aquí nací hace algo más de 70 años, pero hoy no reconozco el paisaje, me faltan los robles, las viñas, los olivos, los prados, el agua en las gargantas, las violetas junto al chorrito de las fuentes, los alisos, los mimbrales… Me fui queriendo saber del cultivo de las patatas en Huancavelica, en el Perú, de los arrozales de Sa Pa, en el lejano norte de Vietnam; quise saber del vino y acudí a Gaillac, también llegué a las tierras del pan en la vieja Castilla; acudí hasta las orillas del Tigris buscando quien me hablase del cultivo de los manzanos, pasé por el país del viejo Negus donde supe de la siembra y cuidados de los garbanzos… Y ahora no sé qué hacer con tan largo viaje. Siento que el viaje me ha sido estéril, que todo es yermo a mi vuelta, que tal vez mañana no crezcan los arrozales, ni florezcan los manzanos, ni las patatas revienten la tierra en su madurez, que no germine el trigo, que los pucheros estén huérfanos de garbanzos y los días lleguen sin vino…”.

 

Pidió otro vino y tras el primer sorbo cayó desplomado sobre la barra mientras se le escuchó decir: “Ahora reconozco este sitio, sé dónde se levanta El Mirador, sobre el viejo camposanto”.

 


 

Patatas revolconas

 

Ingredientes

 

  • 5 patatas medianas
  • 1 pimiento seco ahumado
  • 2 dientes de ajo, 1 hoja de laurel,
  • 1 cucharada de pimentón agridulce
  • 1 cucharadita de pimentón picante,
  • 3 tiras de panceta adobada
  • 1 chorro de aceite
  • agua y sal

 

 

Elaboración

 

Cocer las patatas troceadas con el laurel y el pimiento. Cuando estén cocidas las sacamos del agua y las colocamos en un bol. En una sartén ponemos el aceite y freímos la panceta en trozos, que retiraremos cuando estén dorados. En el mismo aceite freímos los ajos laminados. Con todo dispuesto aplastamos las patatas con la ayuda de la mano del mortero hasta conseguir una pasta sin la textura del puré. Vertemos el pimentón y el aceite y ligamos. Incorporamos los ajos y los torreznos.

 

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