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Els noms de la terra

DOQ Priorat, vinos en busca de la calidad emocional

Autor: Raquel Pardo. Fotos: archivo
Lunes, 23 de septiembre de 2019

El Consejo Regulador da un paso más hacia la identificción del viñedo para poner el acento en el origen de sus vinos, y a la vez dar valor al territorio como región vitivinícola histórica, preservando también su naturaleza.

El reto es poner en contexto la región en la botella”.  Así se expresaba el presidente de la Denominación de Origen Calificada Priorat, Salustià Álvarez, durante la presentación de su proyecto de clasificación territorial, en el entorno de la convocatoria Els Noms de la Terra, nueva nominación del conocido como Espai Priorat, que congrega cada dos años a grandes entendidos vinícolas de todo el mundo.

 

El presidente aludía también a uno de los nombres más influyentes en la definición de esta zonificación, el bodeguero Álvaro Palacios, “uno de los personajes que mejor ha explicado el Priorat” y “un embajador de la zona”. Palacios, sentado junto a Álvarez en la presentación mundial de esta zonificación, añadía que el modelo inspirador de la categorización han sido los grandes vinos europeos de Borgoña, Burdeos, Mosela o Piamonte, vinos de viñedos que han preservado sus privilegios vitícolas. Sin embargo, “aquí la gracia especial de los viñedos se perdió a mediados del siglo XX, diluyéndose en cooperativas. Ese momento difícil es el que ahora tenemos que superar”, argumentó este bodeguero, elaborador del vino top de la región, L’Ermita, un tinto de garnacha y cariñena viejas (algunas centenarias) que supera los 1.000 euros de precio de venta al público.

 

La Denominación de Origen Calificada Priorat ya comenzó a destacar el pueblo de origen de los vinos cuando, pionera en España, creó la categoría de Vi de Vila en 2002, una diferenciación que se acogió con optimismo y que fue el germen de esta división de viñedo: “Presentamos hoy nuestro mayor proyecto de identidad, queremos ser ejemplo de trabajo y tesón, y que los vinos sean embajadores de nuestras viñas”, comentaba Álvarez, explicando que el futuro de la denominación pasa por el trabajo riguroso de respeto al campo, a su flora, su fauna y su viñedo, en busca no solo de una calidad alimenticia, sino también de una “calidad emocional”.

 

La categorización de viñedos de esta Denominación de Origen Calificada es una propuesta nueva en España, aunque DDOO como Bierzo o Rioja también han establecido diferenciaciones entre vinos de pueblos o villas e incluso viñedos singulares, marcando una línea divisoria entre los genéricos, que se pueden encontrar a precios bajos en supermercados, y los vinos de alta gama, con mayores exigencias para el elaborador, viticultor o bodeguero. Las grandes regiones vitivinícolas del Viejo Mundo llevan décadas estableciendo zonas basadas en la calidad de los vinos que producen de forma constante a lo largo del tiempo. En España, un consumidor cada vez más exigente se percibe como capaz de asimilar un etiquetado más exhaustivo donde se indique la procedencia del vino, y son ya varias denominaciones de origen las que están poniendo en marcha sistemas de clasificación. “Se trata de respetar el lugar antes que al productor”, aclara Álvaro Palacios.

 

 

Hacia la Gran Vinya Classificada

 

La clasificación de Priorat es un engranaje que organiza las 2.010 hectáreas de viñedo que ampara la DOQ en cinco categorías con distintas exigencias en cuanto a la viticultura y la producción, que serán efectivas a partir de la cosecha de 2017.

 

[Img #16833]La base de esta estructura, que toma una forma piramidal, son los de región, genérico que engloba los vinos de cualquier lugar amparado por la DOQ, abierto, aclara Salustià Álvarez, “a la creación y la innovación”; el siguiente paso es el Vi de Vila, una categoría que existe desde 2007 para “presumir del nombre del municipio” y que a día de hoy lucen en sus etiquetas 45 vinos. Para embotellar un Vi de Vila hay que elaborarlo con viñas propias o arrendadas por más de 10 años, se limita el rendimiento a 5.000 kilos por hectárea en tintos y 7.000 en blancos y las variedades mayoritarias (mínimo un 60% del coupage) han de ser de garnacha o cariñena, o ambas. Se exige una antigüedad de 10 años para el 90 por ciento de la viña, mientras que el resto ha de tener al menos cinco años; los pueblos que se pueden lucir en la etiqueta son Bellmunt, Gratallops, El Lloar, La Morera, Porrera, Poboleda, Escaladei, Torroja, La Vilella Alta, La Villella Baixa y las zonas de Masos de Falset y Les Solanes del Molar; el Vi de Paratge alude a un lugar con una orografía, clima o geografía común y afecta a parcelas diferentes que se pueden embotellar juntas, siempre que sean de un mismo paraje. Se han establecido, según análisis topográficos y el equipo técnico de la DOQ un total de 459 parajes. Etiquetar así un vino requiere elaborarlo con viñas de al menos 15 años (un 90%, el resto ha de tener al menos cinco) y también se limita el rendimiento; la pirámide asciende hasta el Vi de Vinya Classificada, procedente de un lugar donde “la fortuna, el azar o lo que sea concede la gracia a un viñedo que se puede embotellar por separado, amparado y controlado por el Consejo Regulador”, explica el presidente, y alude a las “virtudes excepcionales” de ese viñedo como la razón de embotellarlo por separado, un argumento que Álvaro Palacios explica como “una mano divina”. Los límites de estas viñas están claramente marcados por la historia vitivinícola y socioeconómica de la región, y el Consejo Regulador garantizará, asegura, la producción de estos vinos para “evitar la tentación de hacer más cantidad de vino, pero con uvas de otro viñedo”, una picaresca que se controlará con un comité de cata oficial del Consejo, además de con un sistema de vigilancia que aún se está definiendo, y que Salustià Álvarez explica diciendo que “los vinos con mayor vinculación territorial tendrán que potenciar la información que recibamos sobre el origen”, además de poner el acento en la constante comunicación de las bodegas con el Consejo.

 

La supervisión de la trazabilidad por la parte oficial la están garantizando, desde hace tres años, un equipo formado por dos miembros del Consejo y cuatro veedores. Hasta el momento, solo hay tres viñas en esta categoría: Clos Mogador, Mas d’En Gil y Vall- Llach.

 

[Img #16835]La cima de la pirámide son los vinos de Gran Vinya Classificada, que exigen la procedencia de una sola viña, con rendimientos limitados y una edad mínima de 35 años para el 80% del viñedo (el resto debe tener al menos 10 años) y una trazabilidad demostrada de al menos cinco años. Las viñas para la producción de uva tienen que haber sido plantadas antes de 1945 o hace más de 75 años, es decir, la finca ha de tener una vocación vitícola de al menos siete décadas. A estos vinos top (de momento solo saldrá al mercado uno, L’Ermita 2017 de Álvaro Palacios) se los califica desde el Consejo como “muestras muy escasas de talento natural, capricho de la naturaleza y tradición que interpreta y salvaguarda joyas vitícolas exclusivas e intalteradas con el tiempo”.

 

Estas Velles Vinyes estarán excepcionalmente protegidas y catalogadas de forma independiente a la categorización oficial. Uno de los controles se ha fundamentado en fotografías aéreas de las viñas realizadas en 1945 por el ejército estadounidense, aunque también se basará en una aplicación móvil donde los viticultores garantizarán la trazabilidad informando de los procedimientos en la bodega, algo que también se certificará después desde el Consejo. Cada Vinya Classificada o Gran Vinya Classificada tiene su carpeta con cada movimiento o acción documentada y firmada por las dos partes, pero el Consejo “no va a perseguir, sino a tutelar” esos movimientos, es decir, serán las propias bodegas (hasta la fecha, 109 adscritas) las que informarán de ellos, puesto que se les presupone buena voluntad de garantizar trazabilidad y salvaguarda de ese “tesoro de la DOQ” que significan las viñas más viejas y privilegiadas que atrajeron, ya en el siglo XII, a los monjes cartujos.

 

Els Noms de la Terra

 

La nueva clasificación prioratina se presentó oficialmente dentro del proyecto Els Noms de la Terra, un encuentro internacional de máximo nivel celebrado el pasado mes de mayo en la tarraconense Cartuja de Scala Dei que congregó a decenas de expertos vitivinícolas procedentes de varios rincones del mundo. El sumiller Ferran Centelles dirigió, en dos jornadas, una cata de casi un centenar de vinos fundamentada en pueblos, donde cada productor explicó dos de ellos, su procedencia y sus particularidades.

 

 

 

 

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