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Los gustos y los caminos

El pianista de la Bilbo

Autor: César Serrano. Ilustración: Máximo Ribas
Domingo, 6 de octubre de 2019

El segundo pase de la Bilbo Bang comenzaba cada noche en el jazz club a las dos de la madrugada, y desde esa hora canalla los sonidos podían prolongarse hasta la amanecida.

Cuentan que pese a tantas madrugadas dejando escapar a las calles alguno de los improvisados sonidos, nunca apareció por el local patrulla alguna ni de los munipas ni de los grises. Todo, al parecer, por el capricho bujarrón que el comisario Rastrillo de la Político Social tenía por el pianista de la Bilbo. “Nadie, nadie como el pianista manejando los dedos”, se le escuchaba a menudo decir tras el quinto pacharán con hielo, herencia de su paso por la Jefatura de Gordoniz. Eso siempre llegaba cuando los empleados de la limpieza baldeaban las calles y las avenidas de la ciudad. La madrugada, en el jazz club, siempre era una hora inquietante y llena de precipicios: chulos con pañuelos de seda, comisarios buscando soplos de altura, soldados de fortuna, señoras de melenas salvajes capaces de arropar cabezas desbocadas de deseos. También por allí, la gente del toro, de la aristocracia golfa y culta. En la primera mesa junto al escenario, siempre el maestro Terrones, soñando un inconfesable volapié sobre el piano. Nunca fueron blancas las miradas entre el comisario Rastrillo y el maestro Manuel Terrones. Siete puertas grandes en Las Ventas hasta que un berrendo del Campo Charro le empitonó lanzándole contra el portón de caballos destrozándole la cadera. Ahora consumía sus días entre el Gijón, el Círculo de Bellas Artes y las madrugadas de whisky, música y humo del jazz. La noche estaba llena de sonidos venidos de América, nacidos en algún antro de Filadelfia. Lou Benett, junto a su viejo Hammond, era esa noche el artista invitado. Sonidos entre el góspel, el blues y el jazz inundaban el aire espeso del elegante tugurio. En una mesa en la que se había apagado la lamparita de satén púrpura, el comisario Rastrillo y el joven pianista de la Bilbo parecían beberse la sangre que bombeaban sus corazones excitados. La star del comisario, como siempre, sobre la mesa a modo de advertencia de plomo frente a no se sabía qué peligros de la noche. Hasta la mesa de los corazones en llamas llegó el maestro Terrones con su bastón entre las manos. Cruzó una mirada de sangre con Rastrillo. Terrones extrajo del bastón el estoque y entró a matar por derecho atravesando aquel corazón que latía ahora en estertor de muerte. La música de Lou enmudeció y el último sonido fue el de la star que dejó sobre la moqueta el cuerpo de Terrones bañado en sangre.

 


 

 

 

Pacharán

 

 

Ingredientes

 

  • 800 ml de anisado para pacharán con una graduación de 30º
  • 200 g de endrinas maduras

 

 

Elaboración

 

Recolectar las endrinas (entre septiembre y octubre), o bien encargarlas al frutero. Una vez lavadas las dejamos secar e introducimos en un tarro de cristal con los 800 ml. del anisado. Llevaremos el tarro –o los tarros– a un lugar fresco y oscuro justo tres meses; una vez por semana lo moveremos para ayudar a que la endrinas homogenicen la maceración. Pasados los tres meses filtramos con una manga como las de café y ya tendremos nuestro listo para servir nuestro pacharán.

 

 

 

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