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Irreversible

Ganar

Autor: Santiago Rivas
Miércoles, 9 de octubre de 2019

Por si no lo saben mis queridos sobremesers, entre texto y texto y mis #Instacata60, a lo que más dedico mi tiempo libre (recordad que todas mis actividades vínicas son en mis momentos de ocio, que sí, son muchos), es al wineloverismo de competición o, dicho de otra manera: a jugar a adivinar vinos a ciegas contra otros winelovers de combate.

Y se me da bien, eso sí, siempre junto a mi pareja de cata o con miembros de mi winegang. Se nos da bien.

 

Se nos da tan bien, que hace poco ganamos el primer Campeonato de España de esta disciplina, organizado para elegir al equipo participante en el muy inteligentemente denominado Championnat du monde de dégustation, de La Revue de Vin de France: 12 de octubre de 2019, Château Chambord. Veintinueve equipos, cada uno de una nación distinta, en lo que promete ser una de las grandes experiencias de mi vida. Tener la oportunidad de ver cómo operan winelovers de todos los continentes me parece excitante. Estoy en modo ilusión, nivel Ansu Fati. Tengo muchas ganas de explicarles a los estonios o bielorrusos mis teorías sobre lo instagrameable que es el Jura o Barolo. Lo mismo en Ucrania (estado participante) se lo están flipando con vinos de alta expresión, que se decía en los noventa, o con supertoscanos.

 

El torneo tiene una previa la noche anterior en la que se ha pedido a todas las naciones participantes que lleven vinos de su país para tener una enoaproximación de cada territorio. Yo no puedo parar de pensar en qué van a traer los de Zimbabue (sí, sí, otros que se vienen a concursar) y si Kazajistán aporta unas pinot noir de escándalo de esas que hacen (cero ironía).

 

Lo suyo es que cada equipo lleve varias botellas, por lo que la international wine party puede ser de escándalo.

 

Además de que nos parece muy adecuado que al día siguiente prontito, a eso de las 9:00, sea ya el concurso en sí: solo los equipos que mejor gestionen su resaca tendrán opciones de triunfo. Ahí es donde se ven los catadores buenos.

 

El caso es que bien de mañana nos pondrán un total de doce vinos de toda procedencia y condición (famosa es la edición en la que salió una Nebbiolo de México) para que juguemos a ver quién detecta más.

 

En mi equipo, más o menos, vamos a intentar adivinar los vinos franceses que aparezcan (suelen ser tres o cuatro); que no se nos pase el español (siempre sale uno); el italiano (siempre sale uno); la sauvignon blanc la mandaremos a Nueva Zelanda y la chenin blanc a Sudáfrica; si es pinot noir, suele ser estadounidense y si es riesling, Alemania. Los tintazos explosivos de tanicidad, madera y Coca Cola los mandaremos a Chile, Argentina o Uruguay. Luego como en el caso del mexicano, siempre suelen aparecer dos o tres vinos indetectables, solo al alcance de un triple desesperado a lo Stephen Curry. Para nosotros, y creo que para todo el que no sea nativo de esos países, cazar una assyrtiko griega o una chasselas de Suiza (ambos casos se han dado en la historia del concurso) es altamente improbable. Esta es la estrategia. No me podéis pedir mayor transparencia, ahora lo que me toca es convencer al resto del Team España para aplicarla.

 

Luego estaremos comentando la jugada hasta que un par de horas después anuncien los resultados: ahí empieza el peor momento con el secuencial, e infartante, descubrimiento de cada botella. Es que se me hace un trance que un día me va a provocar una embolia. Lo paso fatal.

 

A partir de aquí, pues ya depende: si quedamos bien, hacemos podium o ganamos, la que podemos liar puede salir en los periódicos locales del Loira: conatos de vandalismo por desbordamiento de alegría no son descartables. En todo caso, ninguno constitutivo de delito (sí de alguna falta leve, de esas que con el paso del tiempo te acabas riendo). Pero sin amputaciones, ni nada.

 

Si quedamos mal, y eso implica obtener, para mí, del decimoquinto puesto en adelante, pues habrá que poner la mente en disfrutar de lo que queda del evento (hay una cena de gala) y en pensar en volver a ganar el próximo campeonato de España para volver a poder acudir a este certamen y darnos revancha.

 

También consuela saber que el año pasado España quedó la última.

 

Pero bueno, el que no pierde es el que no va. Eso seguro.

 

 

 

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