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Viaje a Belfast

Los grafitis de Belfast, la ciudad tatuada por la historia

Autor: Saúl Cepeda
Viernes, 18 de octubre de 2019

La capital de Irlanda del Norte ha dibujado durante años su piel de ladrillo y asfalto con tintas universales. En ellas se plasma su historia, su presente y su futuro vital e inquieto. Entre mural y mural, aguarda una pinta.

“En los malos tiempos podías ir a la cárcel por pintar en una pared; e incluso llevarte un tiro”, dice Verz, artista callejero con bigotes de aventurero decimonónico que pinta perros en los muros de su ciudad, con el mismo oficio que John Ford empleaba en hacer películas sobre rifles. Se refiere el artista al grafiti como deporte de riesgo durante la infame etapa conocida como The Troubles, el conflicto norirlandés que mordió el país durante las tres últimas décadas del siglo XX. Verz lo menciona en el contexto de un Belfast eufórico cuyos ladrillos, adoquines o piedras de sillería son hoy lienzo libre para la pintura en espray.

 

La capital de Irlanda del Norte es una ciudad dibujada, pero no maquillada. Su arte urbano no pretende disfrazar ninguna realidad bajo unos patrones estéticos ortodoxos; y tampoco es un museo de la cultura underground al aire libre, pues no busca coleccionar, conservar o exponer. Se trata, en todo caso, de una forma de comunicación intrínseca a la ciudad (y a todo el Ulster, en realidad); una idiosincrasia destilada en los alambiques de la conflictividad de otro tiempo. Con la llegada de la paz del Acuerdo del Viernes Santo de 1998 –y a expensas de los posibles efectos conflictivos del brexit–, la municipalidad de Belfast lleva años facilitando que creadores callejeros nacionales y extranjeros tatúen la ciudad con sus ideas gráficas. Así, los murales lealistas y republicanos de periodos convulsos pasados se confunden hoy con expresiones de contenido sociocultural e ideológico más o menos marcado u otras que buscan, simplemente, una tautología plástica. Expresionismos, hiperrealismos, cubismos, perspectivas caballeras e isométricas, trampantojos… Técnica, talento y mensaje confluyen en la epidermis de una ciudad que administra su cuidada decadencia arquitectónica con estilo, especialmente en edificios que se hallan en fase de restauración o abandono.

 


 

 

Pintas y aerosol

 

[Img #17016]Los grafitis y murales congenian con la animada vida callejera de Belfast. Entre pub y pub –cuyos rótulos y carteles publicitarios son otra manifestación cultural con la que interpretar la sociedad norirlandesa–, las calles se convierten en una exposición de ideas vivas, rotundamente atemporales, plasmadas a base de aerosoles y convicción. El colectivo cultural Seedhead Arts –promotor de eventos como el Belfast Gin Fest, al que acuden las principales destilerías de ginebra de Irlanda del Norte, tales son An Dúlamán de Donegal, Mourne Dew de Down, Echlinville de Kircubbin o Jawbox de Belfast– organiza los denominados Street Art Walking Tours, en los que un artista urbano introduce a los visitantes en los contenidos, significados y autorías de los murales. Como valor añadido, este grupo recomienda pubs como The Sunflower de la esquina entre Kent y Union Street –con su propia cerveza artesana y actuaciones en directo–, el histórico The American Bar de Sailortown, negocio abierto en 1860 y reinaugurado por Pedro Donnell –dueño también del anterior local– en 2016; o Kelly’s Cellars, el pub más antiguo de Belfast, en el que presuntamente se conspiró para fundar la Sociedad de Irlandeses Unidos, organización de corte revolucionario que auspició la Rebelión Irlandesa de 1798. Sin embargo, algo afectados por su imagen de reactiva contraculturalidad, Seedhead Arts desaconseja expresamente visitar el popular The Thirsty Goat, quizás demasiado comercial para su gusto; como tal vez tampoco sean muy amigos del vecino The Dirty Onion, que, además de atraer a las masas, se encuentra emplazado en uno de los edificios más antiguos de la ciudad, datado a finales del siglo XVII. Otros pubs destacados son The Spaniard, Harp Bar o Peaky Blinders; y, al margen de la omnipresente Guinness, no está de más probar experiencias cerveceras ultonianas, algunas de gran calidad, como la de Whitewater Brewery, elaborada en la deliciosa localidad de Castlewellan.

 

[Img #17014]El Cathedral Quarter –llamado así por la catedral de Santa Ana– es el distrito cultural de referencia en Belfast. Hay una considerable concentración de pubs y murales, y la Custom House Square, cuna de la oratoria callejera de la ciudad, es un punto clave para las actuaciones artísticas urbanas de todo tipo. En este barrio tienen lugar importantes festivales cinematográficos, fotográficos y musicales, y están emplazadas tiendas de cómics, galerías de arte, redacciones de fanzines, talleres de artesanía y hasta la emisora de un canal de televisión artístico.

 

Asimismo, próximo al Ayuntamiento está el Linen Quarter –cuya denominación procede de la época en la que Belfast lideraba la producción de lino irlandés–, un distrito de negocios con sedes de empresas y administraciones públicas, que también acoge una animada vida nocturna, con espacios como la emblemática sala de conciertos Limelight.

 

 

La voz de las paredes

 

[Img #17013]Los muros de Belfast son una impactante muestra estética para el espectador casual; una escuela para el neófito en el arte callejero; un tsunami de información para el experto. En los murales históricos de Falls Road, Shankill, el Muro Internacional o los Jardines del Recuerdo, las antiguas facciones en lid tributaron a Bobby Sands y Jack Coulter; a los huelguistas de hambre de 1981 y a los mártires lealistas; a la lengua irlandesa y a Guillermo III de Orange; pero también a Mandela y Frederik Douglas, a la causa palestina, al Guernica de Picasso, al Titanic –que fue construido en los astilleros de Belfast, y cuenta con un museo memorial en la ciudad–, a la cerveza Guinness o a George Best; aunque tampoco faltan homenajes conexos con nuestro tiempo, como el panegírico visual a la periodista de investigación Lyra McKee, oriunda de Belfast y asesinada por un desconocido en los disturbios de Derry de este año.

 

[Img #17011]Por otra parte, también encontraremos piezas más recientes en el Cathedral Quarter con los tags (las firmas) de algunos de los artistas urbanos más destacados del momento, que aplican pluralidad de técnicas y estilos a sus propuestas creativas. Se trata de imágenes poderosas: por ejemplo, la del madrileño Sabek, muralista versátil e imaginativo, con su pieza Conflict, que muestra un córvido exaltado que prácticamente escapa del muro en Talbot Street; la del australiano Smug, que ha plasmado el retrato fotorrealista de un chef anónimo en High Street Court; una estampa nocturna y apastelada con sabor ciberpunk compuesta por la pericia obsesiva–compulsiva del londinense Dank; un duelo tenebrista, alegoría del conflicto de las dos Irlandas mientras una Inglaterra impávida observa, a cargo del irlandés Connor Harrington en Hill Street, junto al retrato de Rembrandt del inglés Pang y a la obra de puntillismo geométrico Hit the North de Psyconauthes; los hermosos rostros femeninos de Pandora’s Jar en el lateral de una fachada con el trazo de la norteamericana Christina Angelina o la potente imagen The Son of Protagoras, concebida por el relevante artista francés MTO y en la que juega con dureza con la simbología católica y protestante. Pero también las aceras, paredes y ventanas; las papeleras, señales y puertas metálicas: grafitis, iconos y lemas bajo plantilla, firmas, pegatinas… A través de ellos, el visitante paciente puede convertirse en un auténtico detective de mensajes metropolitanos.

 

Y cada uno cuenta una historia.

 

 


 

Panes de soda: así es el Ulster Fry

 

[Img #17012]El Ulster Fry, que guarda una poderosa conexión con lo que asociamos en España a un desayuno inglés, no tiene necesariamente que ver con la primera comida del día –en la que el norirlandés suele preferir el porridge de avena, al que algunos le atribuyen propiedades afrodisiacas, mientras que otros recomiendan disfrutar con un toque de whisky–, aunque las expectativas turísticas así lo vienen condicionando. Al margen del tocino, las salchichas y el huevo (o los añadidos menos canónicos de tomate, champiñones o tortitas), los panes de soda y patata, fritos o pasados por la parrilla, marcan la diferencia. Un par de lugares para tomarlo con garantías de calidad en la ciudad son The Other Place de Botanic Avenue y George’s, ubicado en el Mercado de Belfast.

 


 

 

 

 

Agenda

 

 

Dónde comer

 

Para comer al paso y bien, Established y Curated Kitchen, dos cafeterías posmodernas e ilustradas; o el restaurante del peculiar Hotel Bullit y el neoitaliano Coppi. Otra buena opción informal es Deanes at Queens, establecimiento con un Bib Gourmand próximo al solemne edificio de la Universidad de Queens. Este último es propiedad del celebrado chef Michael Deane, cuyo buque insignia es el restaurante Eipic, que ostenta una de las dos estrellas que la guía roja ha otorgado en Belfast, mientras que la otra es para Ox. Para el brunch, el Bert’s Jazz Bar, con música en directo y parte del regio hotel The Merchant.

 

 

Dónde dormir

 

En cuanto al hospedaje, el Hotel Grand Central de la cadena Hastings proporciona magníficos servicios en una torre de 80 metros –lo que le convierte en el segundo edificio más alto de toda la isla de Irlanda– en pleno centro de la capital.

 

 

Más información

 

 

 

 

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