Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Enviar por email
Lo que se cuece en Friburgo

Friburgo, el contraste auténtico de la pintoresca Alemania

Autor: Teresa Álvarez. Imágenes: Arcadio Shelk
Viernes, 8 de noviembre de 2019

En pleno centro de Europa y bajo la protección de la frondosa Selva Negra, Friburgo, con su clima templado y su ambiente universitario, es sinónimo de rincones con encanto, callejuelas, canales, balcones con flores y alta gastronomía.

El sonido del agua, omnipresente en la pequeña y coqueta ciudad de Friburgo de Brisgovia (Alemania), acompaña el paseo por sus calles adoquinadas. En el puesto de juguetes de madera el objeto preferido es el barquito, que depositan los niños en los canales de agua natural que recorren durante siete kilómetros el centro de la localidad, distribuyendo durante siglos el frescor de los colindantes bosques de la Selva Negra a todos los rincones. Friburgo podría pertenecer a Alsacia o más bien, Estrasburgo podría ser Alemania. El valle que recoge los vientos templados que suben del Mediterráneo reúne en una región de características muy similares las riquezas vinícolas y agrícolas de Francia y Alemania a la ribera del Rin. Fertilidad, buen tiempo, riqueza gastronómica y belleza paisajística… ¿Quién puede pedir más? Su situación estratégica tan cercana a la frontera con Suiza o Francia les aporta todavía más visibilidad. “¿La Unión Europea? Aquí siempre hemos sido Europa”, afirma un guía local.

 

Desde cualquier punto del centro histórico, la torre de la catedral es visible y se convierte en estrella polar para orientar cualquier recorrido. Y visitar la plaza que la aloja es quizás la mejor parada gourmet para un viajero recién llegado. Cada mañana, desde muy temprano, Münstermarkt abre sus puertas, con decenas de puestos callejeros repletos de productos locales: aromas a frutas frescas y flores, el colorido de pequeñas tiendas de plantas, el café y el bretzel, el pan de centeno recién horneado o más avanzada la mañana la fila de stands dedicados a lange rote, la salchicha estrella de Friburgo, que se sirve en una barra de pan crujiente y acompañado de cebolla frita.

 

Entre el bullicio del mercado, solemne, la Münster, que sobrevivió milagrosamente los bombardeos que asolaron la ciudad en la Segunda Guerra Mundial. Su aguja, digna del mejor trabajo de encaje de bolillos y con 116 metros de altura, está considerada como uno de los ejemplos más refinados del gótico, una ligereza que le permite soportar los fuertes vientos que penetran desde el sur por el valle. Dentro, sorprende sus majestuosos órganos y sus impresionantes vidrieras. Fuera, un pórtico imponente con detalles escultóricos como el del demonio tentando al ángel y sus gárgolas espectaculares de inquietantes criaturas. Suena su mítica campana, melancólica, potente, marcando el mediodía. El sol, cotidiano en la que presume de ser la zona más cálida de Alemania, refleja sus brillos en las fachadas de piedra roja características de la ciudad. Tiendecillas encantadoras en pintorescas callejuelas alternan seducción con los riachuelos y canales, los puentecillos y los patios interiores. En cada balcón, los geranios y petunias disputan protagonismo. En cada plaza, una fuente de agua fresca y varios caños con deliciosos motivos ornamentales. Friburgo tiene mucho ambiente y no es solo por sus históricas fachadas ni sus bellezas arquitectónicas. La universidad llena sus calles de espíritu juvenil y los bares, beer gardens y restaurantes siempre están llenos y animados. Pasear por Konvikstras o por Klein Venedig (la pequeña Venecia) cautiva a cualquiera, con sus pequeños talleres de artesanos bien restaurados y hoy convertidas en tiendas bohemias. La foto inevitable, la de su cocodrilo que asoma en medio del canal. Se acerca la noche y son los restaurantes los que toman las riendas de Friburgo. Buena cocina con importancia al proveedor local y productos característicos dignos de probar como su venado, sus vinos (los pinot principalmente) y su licorosa tarta Selva Negra.

 


 

 

 

 

Un vino

 

 

 

Mr. Peter Bär, el propietario de este coqueto local, aconseja los mejores pinot noir, gris y blanc de la zona.

 

 

En plena plaza de su imponente catedral gótica (Freiburger Münster o Münster Unserer), se acoda sin duda la mejor terraza de la ciudad donde tomar buenos vinos y catar con conocimiento. Bajo la batuta de Mrs. Higle, los cursos, catas y seminarios son una excusa para probar los espectaculares vinos de la región, con más de 130 referencias distintas y 35 de ellas por copa. Dos sorpresas: su granizado de vino Kalte Sofie y sus blancos de Grutedel, ligeros pero aromáticos.

 


 

Una cerveza

 

 

  • Feierling Biergarden

 

Cervecería artesanal con elaboración propia. Disponen de un jardín en el centro de la ciudad y de todo un edificio dedicado a la cerveza hecha en casa y a una gastronomía local desenfadada. Siempre lleno, si bien no es necesario reservar.

 

 

 

Para conocer las cervezas más artesanas y transgresoras de la zona. Nos sugieren Emma, Grigo-brau, la IPA Jaques, y Fox, la más femenina en formato de 75 cl. 

 


 

 

Café y dulce

 

 

 

Tradicional café con una decoración retro encantadora y bombones de calidad inigualable. Su tarta Selva Negra y sus bombones con avellana Bobbele o con aguardiente Kirsch.

 

 

 

Bonita sala para tomar un café a media tarde con un trozo de tarta.

 


 

Dónde comer

 

 

 

El mercado cubierto de la ciudad, con diferentes puestos de cocina internacional y, por supuesto, el plato tradicional local “schäufele”, con paletilla de cerdo ahumada y curada y chucrut.

 

 

 

Restaurante bio para un almuerzo informal. Pesan el plato y solo cobran lo que te sirves.

 

 

 

Tradicional apariencia para un restaurante con refinada concepción. Menú degustación de 3 a 5 platos elaborado por el chef Sascha Weiss. Bonita mesa en la bodega. Gran tartar de dorada y exquisita pintada. Toques locales sin estridencias. Abierto en 2010 ya goza de estrella Michelin. P.M. 80 €.

 

 

 

Local informal con una cocina cuidada y una presentación impecable. Opciones vegetarianas. Menú por 46 € y carta variada. Potente sopa de pescado, steak tartar recomendable. Carnes argentinas de calidad (demasiado hechas quizás). Un negocio de una joven pareja abierto en 2016 solo para cenas.

 


 

Dónde dormir

 

 

 

El clasicismo de un hotel de lujo con todos los detalles en el servicio y una alta gastronomía que respalda sus cinco estrellas. Elegantes suites, bonita y tranquila piscina interior y variada oferta culinaria, desde el tradicional chalet de madera, el salón de café y dulce, el refinado buffet de desayuno o la cocina de nivel de su restaurante gourmet.

 

 

 

Buena situación para un hotel funcional y cómodo.

 


 

Más información 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

Enlaces automáticos por temática
Compartir en:
Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Sobremesa: revista de gastronomía y vinos
Revista Sobremesa • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2019 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress