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Crónica exclusiva web

Château Angélus, con paso firme

Autor: Raquel Pardo
Jueves, 21 de noviembre de 2013
Noticia clasificada en: Cultura del vino Vinos franceses

La legendaria bodega de Saint- Émilion emprende una trayectoria hacia la modernidad sin dejar de lado el pasado.

Fue en 2012 cuando Château Angélus, uno de los nombres más conocidos de la región bordelesa de Saint- Émilion, ascendió de categoría en la clasificación de esta Denominación de Origen al conseguir el grado Premier Grand Cru Classé A, un podio de estrellas que comparte con otros tres châteaux de la región, entre ellos Cheval Blanc, propiedad del magnate de Louis Vuitton-Moët Hennessy, Bernard Arnault.

 

Suenan las campanas

Pero la trayectoria de esta bodega, referencia de Burdeos en el mundo y con unos vinos de prestigio internacional, ha ido afianzándose a lo largo de los años. Angélus, cuyo nombre e imagen hacen referencia al toque de campanas del Ángelus, el rezo católico que la gente del campo practicaba tres veces cada día deteniendo su labor agrícola, es obra de la familia De Boüard, que se instaló en Saint-Émilion en el siglo XVIII. Las campanas del carillón, que se divisa desde lejos coronando el edificio del château, sonaban entonces y retumbaban en el valle sobre el que se asientan los viñedos, indicando el momento de orar. El actual propietario y autor de los vinos de Angélus, Hubert de Boüard de Laforest, pertenece a la séptima generación de la familia que, según su director de comunicación, Laurent Benoit, “quiere transmitir su patrimonio y su historia vinícola en cada botella”.

 

Revolución pausada

En los años ochenta, Hubert de Boüard revolucionó la empresa familiar tras licenciarse en enología en Burdeos e introducir novedades en Angélus. El enólogo decidió apostar por la calidad y redujo a la mitad la producción, un paso que escandalizó a la familia. Actualmente, el château elabora unas 100.000 botellas anuales de su primer vino con la calificación Premier Grand Cru Classé A. Produce también un segundo vino, “Le Carillon d’Angelus”, clasificado como Saint- Émilion Grand Cru y receptor del vino que se descarta para elaborar su primera marca.

 

Cabernet Franc, la clave

La personalidad de Angélus tiene su base en la cabernet franc, una uva que, si bien no es mayoritaria en sus 39 hectáreas de viñedo (alcanza el 47% de la plantación) sí aporta la elegancia y fortaleza que caracterizan a sus vinos. Esta variedad está plantada al pie de la ladera que conforma la propiedad, sobre un terreno arenoso – calcáreo que reposa encima de un subsuelo de arcilla, lo que contribuye a mantener unas condiciones de calor y humedad óptimas para la maduración de esta uva. La mayor parte de las cepas sobrepasan los 30 años, otra de las ventajas para ofrecer vinos de altísima calidad. El resto del viñedo se compone de merlot, en un 50%, y de una superficie testimonial de cabernet sauvignon (3%), de la que los portavoces de la bodega “nunca hablamos, es política de empresa”, en palabras de Benoit.

 

La vinificación se realiza en madera nueva, en acero y en cemento. Este último recipiente se utiliza especialmente para la cabernet franc por la oxigenación que permite al vino, y se rescató hace dos décadas después de mantenerse varios años sin utilizarse (en Angélus ha habido depósitos de cemento desde el siglo XVIII).

 

El vino se ensambla antes del embotellado, tras pasar entre 18 y 24 meses en barricas. La comercialización de los productos de la casa se lleva a cabo mediante négociants, intermediarios que compran el vino en los conocidos primeurs bordeleses y son los encargados de las ventas a sus lugares de destino o a otros intermediarios. Los precios de la primera marca, que varían según la añada como es tradicional en Burdeos, rondan los 200-400 euros en tiendas, un precio que, según el experto y catador de Vinoselección Jaime Bermúdez, se puede duplicar en restaurantes debido a su particular sistema de distribución.

 

Los vinos, apuntes de cata.

 

Laurent Benoit presentó en la tienda Enoteca Barolo de Madrid la filosofía de esta casa, acompañada de dos de sus vinos:

 

Château Angelus 2007, un vino complejo de una de las últimas añadas difíciles en la región, integrado pero con vida por delante, intenso en nariz, con notas minerales, especias y flores (violetas), y una boca con cierta finura, aunque se echaba de menos algo más de profundidad y longitud.

 

[Img #5006]Le Carillon d’Angelus 2010, complejo, necesita tiempo en la copa para ir dejando notas de flores y especias, muy particular, con muchos matices, cacao, trufa. El trago es intenso y los taninos apuntan una longevidad todavía muy amplia por delante. Robusto, elegante. 

 

La Fleur de Boüard 2009, un proyecto personal del enólogo en Lalande de Pomerol (60.000 botellas al año), un vino con mucha expresividad de aromas, sotobosque, flores azules, especias y bayas, con finura en la boca, fresco y vivaz. 

 

Château Bellevue 2009, procedente de un viñedo clasificado como Saint-Émilion Grand Cru Classé y vecino de Château Angelus, que la familia Boüard compró en 2007. Es un tinto de aromas francos, limpios, notas de vainilla y otras especias dulces, frutas del bosque, frambuesas, y una boca con densidad, potencia, es redondo, con taninos muy firmes y mucho recorrido aún.

 

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