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La bodega toledana presenta un nuevo vino de garnacha

Arrayán crece

Autor: Raquel Pardo
Martes, 8 de abril de 2014
Noticia clasificada en: Enoturismo en Toledo Vinos D.O. La Mancha

La bodega de Santa Cruz de Retamar incorpora a su familia vinícola su primer vino de garnacha de Méntrida tras la buena acogida de su garnacha de Cebreros el año pasado.

A Maite Sánchez, enóloga de Arrayán desde 2009, le gustan los cambios, pero sabe también, en un ejercicio de sensato equilibrio, respetar las bases que otros sentaron en el pasado y optimizar con ellas los resultados. Pese a que la historia de esta bodega de Méntrida fundada por José María Entrecanales y María Marsans no es centenaria ni mucho menos, sí empezó a andar en el 99 con un carácter de vino internacional que se veía reflejado en unos monovarietales de petit verdot, cabernet sauvignon, merlot y syrah. Sánchez ha sabido utilizar el patrimonio varietal de la finca La Verdosa para ir introduciendo pequeños cambios, todos ellos, a la vista del resultado en los vinos, beneficiosos para crear una identidad en este terreno manchego.

 

Como consecuencia de esa evolución, y del crecimiento profesional de esta joven “winemaker”, Arrayán también ha ido asentándose y creciendo. Ya se marcó un punto de inflexión con Estela de Arrayán, vino que salió al mercado coincidiendo con la entrada de Maite Sánchez y elaborado a partir del sangrado de los orujos tras el descube de su Arrayán Premium, pero después se han ido sucediendo pequeños “hitos” enológicos en este rincón toledano: se dejan de elaborar dos de los tintos varietales (cabernet y merlot) y aparece un auténtico reto para la enóloga, el Arrayán Rosado, un vino que en esta última añada está mejor que nunca, más grande, más confiado. Surge también Arrayán Selección, una muestra asequible (menos de 10 euros) de que la bodega es, también, finca. Y de ahí salen sus vinos: “Queremos aprovechar dónde estamos, lo que tenemos, nuestro entorno, para hacer algo mucho más apegado a la tierra”, confirma la enóloga. Las variedades se diluyen para dar relevancia al terreno.

 

Y de la finca, al entorno, un paso más de Maite para hacer entender el Arrayán más terrestre de su historia. De los alrededores, de unas viñas viejas de garnacha plantadas a 700 metros y fuera de La Verdosa, surge La Suerte de Arrayán, una garnacha a la que Sánchez ya le tenía ganas y a la que en su primera añada, 2011, ha sabido sacar partido. Ya se atrevió con unas viñas en Cebreros y el año pasado lanzó al mercado una edición limitadísima de garnacha de allí, 600 botellas de un vino que se ganó los halagos de quien pudo llegar a probarlo (la de 2012 aumenta su producción hasta las 1.000 botellas). La Suerte es, sin embargo, garnacha toledana de 2011: bonita, salvaje, vivaz, que se aleja de aquellos principios más volcados hacia el entendimiento internacional y reivindica lo local como baza para dar valor al vino. Es el último miembro de la familia Arrayán, y una muestra de que todavía hay margen para crecer si se sabe dónde está el camino.

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