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Cata vertical

Finca Monasterio de Barón de Ley, una historia de finura

Autor: Raquel Pardo
Martes, 15 de abril de 2014

El vino emblema de la casa riojana cumple 15 años y muestra una trayectoria donde la finura y la elegancia son el objetivo.

El proceso de modernización de Finca Monasterio (DOC Rioja) desde su nacimiento va muy ligado al trabajo en la bodega Barón de Ley (perteneciente al grupo Barón de Ley) del enólogo Gonzalo Rodríguez, asesor de la compañía desde el año 2000. Con motivo de los 15 años desde que el vino comenzó a elaborarse, Rodríguez quiso contar la evolución de este tinto en una cata vertical de cinco añadas, en las que se ha ido viendo esa búsqueda de la finura y la apuesta por el viñedo propio. La cata se llevó a cabo en el restaurante Adolfo del Palacio de Cibeles de Madrid.

 

Finca Monasterio nace a finales de los 90, cuando estaban de moda los llamados “vinos de alta expresión”, lo que quiera que eso signifique, y empezaban a gustar los tintos cargados de estructura y madurez, al tiempo que críticos influyentes, como el norteamericano Robert Parker, los valoraban con altas puntuaciones y provocaban un florecimiento de estructuras notables y maderas muy presentes. Gonzalo Rodríguez recuerda esos momentos y concluye que “una de las consecuencias de esa moda de los vinos de alta expresión es que se separó (en Rioja) la viuda de las elaboraciones, lo que dio lugar a vinos con más estructura, pero menos ácidos”. Precisamente en Barón de Ley la dirección se plantea hacer un vino más a la moda, en esa línea, y es cuando Rodríguez, cuya experiencia en Rioja es amplia con asesorías de bodegas como La Marquesa (Rioja Alavesa) y que elabora sus propios vinos en Toledo (Bodegas Ercavio), entra en la bodega y empieza a dar forma a Finca Monasterio, entonces en pañales. Su idea, afirma, fue rescatar “ese vino vivo” algo alejado de la moda, utilizando tempranillo y valiéndose también de una proporción de cabernet sauvignon, una variedad para él nueva entonces: “nunca había elaborado cabernet”, comenta. Se planteó dejar madurar más de lo que era habitual en la bodega a la variedad francesa al tiempo que empieza a apostarse por la calidad, la que da el viñedo propio, con el beneplácito del fundador, Santos Ruiz: “cambiamos entonces la visión sobre el viñedo, y empezamos a darle importancia, la mejor uva que se puede tener es la del viñedo en propiedad”, comenta el enólogo, y añade que el cambio dio lugar a que “en este milenio” el grupo alcanzara las 600 hectáreas de viñedo propio y que la bodega de Rioja hoy día cubra el total de sus necesidades con uva propia para hacer dos millones y medio de botellas de vinos de reserva y gran reserva.

 

El paso final ha sido reducir la impronta de la madera para continuar afinando los vinos, y en 2004 la bodega compró varios árboles de roble francés con los que se construyó fudres de 10.000 litros, que se utilizan para armonizar el vino tras la crianza en barrica y el coupage final. El resultado es un vino vivo, con tipicidad y fuerza, potente y sobrio pero cada vez con más finura, que cada año tiene detalles particulares. Su historia, que aún se sigue escribiendo, es la de la búsqueda (y el hallazgo) de la elegancia. 

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