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Matrícula de honor en estrategia

Christian Barré, presidente y director general de Domecq Bodegas

Autor: Ramón Martos
Lunes, 11 de febrero de 2013
Noticia clasificada en: Vinos franceses

Christian Barré lleva toda una vida desarrollando su carrera profesional en el gigante de las bebidas Pernod Ricard . Ahora, como director general de Domecq Bodegas, parte del grupo, cuenta algunas de las claves de su éxito empresarial.

Aunque a veces no lo parezca, tras los poderosos grupos dedicados a la producción y comercialización internacional del vino y los espirituosos también hay personas de carne y hueso. Christian Barré, presidente y director general de Domecq Bodegas, es una de ellas. Este especialista en comercio internacional (obtuvo el máster del CECE-Marseille) había cumplido veintitrés años cuando su carrera profesional se comprometió con Pernod Ricard. No tenía entonces, según confiesa, ninguna predilección por el mundo de las bebidas pero, al cabo de veintisiete años, y con una sólida y exitosa carrera a sus espaldas, no se imagina trabajando en otros sectores.

 

Como suele ser habitual, la vida de este hombre de empresa se ha forjado en múltiples escenarios, gracias a los cuales ha ido acumulando experiencias y puntos de vista sobre los productos con que trabaja y la diferente aceptación que estos han tenido en unos y otros países. Entre otros destinos más allá de Europa, Barré ha sido director de Área y de Marketing Internacional en África y en Canadá. Este último país, donde ejerció como director de Pernod Ricard desde 1991 a 1996, continúa siendo un punto decisivo en la estrategia del grupo. “Se trata de un mercado importante para nuestra marca Campo Viejo, por ejemplo”, dice Christian Barré, poniendo de relieve ciertas virtudes de este modelo. “Da la impresión de que en Canadá las cosas no funcionan demasiado rápidas pero, a cambio, las conquistas son sólidas. Los monopolios están llevando a cabo una labor importante de educación y divulgación vinícola, con planes didácticos y programas televisivos sugerentes”.

 

Desde una perspectiva personal, valora muy satisfactoriamente el hecho de haber asistido al desarrollo de Pernod Ricard durante la pasada década. Este desarrollo tuvo tres momentos estelares que se correspondieron con las sonadas adquisiciones de Seagram (2001), Allied Domecq (2005) y Absolut (2007) por parte del gigante empresarial, con las cuales se redefinió el mapa del mundo de los vinos y las bebidas espirituosas. Ambas líneas de productos han logrado el más difícil todavía de entenderse y complementarse en Pernod Ricard.

 

“Nuestros vinos” –afirma Barré– “tienen un valor estratégico crucial, además de ser un activo clave en nuestra empresa. El excelente comportamiento de algunos espirituosos no sería el mismo sin el peso que productos como Campo Viejo o Azpilicueta tienen en esos mercados”. Y, sonriendo, explica que Campo Viejo ha tenido un crecimiento cercano al 11% en los últimos meses. Como puede verse, nunca llueve para mal de todos.

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