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Perfil del bodeguero gallego

José María Fonseca

Autor: Juan Manuel Ruiz Casado
Viernes, 20 de julio de 2012

Los vinos gallegos no se agotan en la variedad albariño. Lo sabe bien José María Fonseca, empeñado en demostrar desde sus inicios en el mundo vinícola la valía de una de esas uvas condenadas a un protagonismo puramente endémico.

Quienes han tenido la oportunidad de entrevistar al alma máter de Terras Gauda conocen la afición que le tiene a la caíño blanco, que ahora por fin lucirá sus encantos en solitario gracias al vino La Mar 2010. Hasta la reciente llegada al mercado de esta nueva elaboración, la caíño blanco se destinaba a la marca Terras Gauda, mascarón de proa de la bodega de O Rosal y donde, como no podía ser de otra manera, manda la mediática albariño. “Nuestra apuesta por esta uva autóctona de O Rosal ha sido constante”, explica José María, que no disimula el orgullo que le suscita esta labor continuada. “Hemos controlado prácticamente toda la producción de caíño blanco de la D.O. Rías Baixas. Comenzamos con siete hectáreas, y hoy sumamos unas veinte, cantidad considerable que nos ha permitido lanzar el nuevo vino. Con él podemos hablar de la efectiva recuperación de la variedad”.

 

Entre las razones que explica la marginación de esta casta, figura su escasa productividad y la poca comprensión que hacia ella se tenía. La caíño es uva de ciclo largo, exige que se la deje madurar, asumiendo los riesgos que esto conlleva en un contexto climático tan complicado como el gallego, donde las posibilidades de que la uva se vea afectada por alguna enfermedad se incrementan con una mayor permanencia en el viñedo. Pero, como sucede con las variedades que piden paciencia, si las cosas se hacen bien el resultado puede dar sorpresas muy gratas. “La caíño tiene una personalidad increíble” –explica Fonseca. “Sus aromas son explosivos y distintos y a veces recuerdan a un vino de Jerez, con esas notas como de frutos secos. En boca puede llegar a tener más estructura que la albariño”.

 

Recién terminada su presidencia en la Fundación para la Cultura del Vino, durante la cual se ha celebrado una cata vertical para el recuerdo (Único de Vega Sicilia), José María Fonseca rememora los principales hitos que han marcado el devenir de una empresa que nació en 1989. Entre todos ellos, ninguno tan importante como contar con uvas de producción propia. Fue a partir del cuarto año de vida de la empresa, cuando aparecieron los primeros trescientos mil primeros kilos de uva. Un antes y un después para la empresa y, sin duda, un hito inolvidable.                               

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