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El creado de Teso La Monja

Marcos Eguren

Autor: Juan Manuel Ruiz Casado
Miércoles, 20 de junio de 2012

El aspecto tímido del enólogo de Sierra Cantabria esconde, en realidad, una olla a presión llena de ideas. Así, la última aventura consiste en sacar al mercado Teso La Monja, que será el vino más caro, o casi, de España (900 euros). 

Eguren ha tenido el honor de firmar un 100 puntos Parker (los obtuvo su vino Termanthia 2004 antes de que fuera vendido a LVMH), ha sido varias veces finalista de los prestigiosos premios Wine Enthusiast (Best worldwide winemaker y Best European winery), ha obtenido posiciones envidiables entre los mejores vinos del mundo en las revistas influyentes del planeta y, tal vez lo más importante, ha sabido, junto a su hermano Miguel, refundir una modesta bodega familiar en un pequeño imperio por el que suspiran los grandes grupos.

 

La figura de Marcos Eguren agavilla todos los mimbres con los que se ha trenzado el cesto de nuestra enología en su camino hacia la modernidad. Venido al mundo en el pueblo riojano de San Vicente de la Sonsierra hace 53 años y algunos meses, Eguren pertenece a la primera generación de enólogos españoles que sin complejos asume un papel vanguardista y renovador. Pasó tres años, de 1975 a 1978, aprendiendo viticultura y procesos de elaboración en la madrileña Escuela de la Vid, y se graduó en enología por la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona. Burdeos y Montpellier, sedes universitarias de referencia, pusieron el acento internacional a un perfil académico que no sería nada sin el conocimiento y la pasión vitícolas.

 

A lo largo de estos años, Eguren ha sido un incansable perseguidor de viñas que de verdad merecieran la pena. Su querencia por viñedos capaces de transmitir valores únicos a los vinos le llevó de La Rioja a Toro, donde el enólogo ha encontrado un escenario adecuado para trabajar con viñas viejas. El nuevo Teso La Monja como ejemplo. Viñedo prefiloxérico, de apenas 1,8 hectáreas, que hasta ahora no había tenido oportunidad de expresar las incontables circunstancias geológicas e históricas que lo han hecho posible. Un milagro convertido en 828 botellas de vino de la añada 2008, al que unos pocos aguardan con curiosa ansiedad, como si la prima de riesgo fuera un mal sueño.

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