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La aventura vinícola americana

Marimar Torres

Autor: J.M.R.C.
Martes, 11 de diciembre de 2012
Noticia clasificada en: Cultura del vino Vinos tintos

La fémina más destacada del clan bodeguero de los Torres emprendió hace treinta años su aventura vitivinícola en California. Hoy sus tintos de pinot noir se aprecian en muchos rincones del planeta.

Un buen marido, una buena boda, mucho mejor si era con un marqués y si este era propietario de alguna bodega, pues ya se sabe que en las familias bien amores y negocios tienden a ser sinónimos. Claro que es posible optar por la desobediencia. Al fin y al cabo no hay familia que se precie sin su oveja más o menos descarriada. En la saga de los Torres, este papel acabó correspondiendo a Marimar, la hermana de Miguel Agustín y de Juan María Torres. Corría el año 1973 cuando la niña de la familia (por entonces ya una mujer de 28 años) salió de casa. “Hice lo que no se esperaba de mí”, explica con eso que los fotógrafos suelen pedirle a sus modelos: una sonrisa en los ojos. “Nada de marqués ni de buen partido. Me acabé casando poco menos que con el enemigo, un crítico de vinos americano, y me fui a vivir a Estados Unidos”.

 

La hija agricultora
Algunos años más tarde Marimar Torres convenció a su padre de que podía tener sentido que la familia invirtiera en el viñedo californiano. “Mi padre accedió a la inversión en el 81 y en 1986 plantamos las viñas. A mí siempre me ha gustado mucho la agricultura y quería que fuéramos agricultores que cultivaban uvas y se preocupaban de darles la mejor atención”. Como todo comienzo, la aventura estuvo llena de dificultades. “En esos años era rarísimo encontrarse con mujeres al frente de un viñedo. Yo pensaba: esto tendrá que cambiar, porque si siempre son todo hombres, hombres y solo hombres, hombres por todas partes…”.

 

Y, en efecto, el mundo cambió. Marimar se convirtió en una reputada elaboradora (y cuidadora de uvas, no se olvide) y California, en la punta de lanza de un nuevo poder vinícola que ha acabado desafiando a las bodegas de la vieja Europa. De estos desafíos sabe mucho esta mujer, en cuya figura se funden la tradición de las viejas familias vinícolas europeas y la perspectiva dinámica y arriesgada de los aventureros. “Recuerdo los primeros viajes con mi padre a Estados Unidos”, explica, “cuando nos preguntaban muy seriamente si en España también teníamos añadas buenas y malas, como en Francia. Mi padre respondía: no, no, nosotros solo las tenemos buenas y mejores”. No escuchó a quienes le desaconsejaron plantar pinot noir porque en teoría ni el clima ni la tierra de Sonoma eran propicios para la variedad. En la práctica lleva años haciendo algunos de los tintos de pinot noir (Cristina, La Masía, Mas Cavalls) más valorados por consumidores y especialistas. Asegura que todo ha sido cosa de la suerte.

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