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"Los monólogos me han hecho mucho daño"

Nancho Novo

Autor: Gema Eizaguirre
Viernes, 30 de noviembre de 2012

Abandonó la medicina para dedicarse al rock, pero ha sido en el teatro donde ha demostrado todo su potencial creativo. Estos días recorre los escenarios con un discurso que le ha valido un gran éxito profesional y contradicciones en lo personal.

Actor, músico, escritor (acaba de publicar su segunda novela), monologuista en El Club de la Comedia, Nancho Novo lleva más de mil representaciones de uno de los fenómenos teatrales de los últimos años: El Cavernícola. Un espectáculo representado en 32 países, en el que desmenuza, descuartiza e ironiza de forma realista y repleta de humor las diferencias sustanciales entre hombre y mujer y su repercusión en las relaciones de pareja.

 

Mucho camino ha recorrido Nancho Novo (A Coruña, 1958) desde que dejó las verdes tierras de Galicia para ir a Madrid a estudiar Arte Dramático. Curiosamente, igual que otros compañeros de profesión como Julio Médem y Wyoming, él también colgó la bata de estudiante de Medicina para dedicarse al rock and roll con grupos de sugerentes nombres como Cloaca, Brutos secos y Los castigados sin postre, su banda actual, con la que interpreta canciones de letras gamberras después de finalizar su representación de El Cavernícola en el madrileño Teatro Fígaro. Pese a su aire algo rudo y su aspecto de “viva la vida” –que él mismo reconoce- asegura ser una persona reflexiva y nada primitivo emocionalmente. En el cine ha interpretado papeles relevantes en Los amantes del Círculo Polar, de Médem, y en Tuya siempre, de Manolo Lombardero; y cuenta con una nominación a los Premios Goya por La Celestina, de Gerardo Vera. Un artista y creador multidisciplinar que igual dirige una obra de teatro sobre el albariño o interpreta a un cavernícola que escribe una novela romántica.

 

Sobremesa: Cuarta temporada de El Cavernícola y más de mil representaciones. ¿Cuál es la clave de este éxito?
Nancho Novo: La conjunción de varios factores, comenzando por la propia obra. Aquí tenemos un texto, del estadounidense Rob Becker, que está muy bien construido, que revela inteligencia y que hemos revisado y puesto al día.

 

S.: ¿Qué retoques ha sufrido el texto?
N.N.:
Tenía un aire un poco machorro, de barrer para casa de los hombres. El guion original viene a decir: “Entendednos chicas, somos así y querednos así”; yo lo he cambiado y he dicho: “¡Eh, chicos! ellas son así por lo que o despertamos o nos vamos a fastidiar”. Ese es el gran acierto de la versión que he hecho, donde cuento que estudié Medicina y que me nominaron a un Goya que, luego, no me dieron.

 

S.: ¿Cómo pone en práctica en su casa esa idea de reconciliar a las parejas? ¿Cocina, limpia…?
N.N.: Sí. En casa, básicamente, cocino yo, hago la compra yo y fregamos a medias. Mi cocina es tradicional. Casi todos los platos los aprendí de mi madre. Igual hago unas lentejas, un marmitako o una paella. También me gusta experimentar con las especias. Por ejemplo, me gusta especiar mucho las albóndigas y darles un toque de canela.

 

S.: Según datos de la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) la recaudación en teatro ha descendido un 30% en el inicio de temporada. Con él éxito de El Cavernícola, ¿es usted al teatro lo que Almodóvar o Amenábar al cine, que salvan los datos de taquilla?
N.N.: ¡Hombre!, ahora hay algunas obras que sí que van bien pero estamos notando el descenso después de la subida del IVA. El panorama de los actores es muy negro. Entre los actores de batalla, como yo, hay muchísimo paro; además han bajado los cachés, por lo que la gente se lía a hacer series de televisión.

 

S.: Pero usted tiene otras alternativas al ser actor, escritor, músico… ¿Qué fue lo primero?
N.N.: Lo primero, primero, primero fue hacer rock and roll; y escribir. Bueno, con escribir me refiero a lo que se hace a los 16 años: escribir poemas, relatos cortos... Pero la primera vez que subí a un escenario fue para hacer rock and roll con mi grupo Cloaca. Estoy hablando de los años 70. En esta época estaba haciendo Medicina en Santiago; luego me vine a Madrid.

 

S.: ¿Por qué dejó la carrera de Medicina?
N.N.: Porque me gustaba más subirme al escenario, interpretar… Yo quería ser actor, lo que pasa es que era una opción absolutamente inviable en aquella época. Elegí Medicina por un personaje de la televisión: el Dr. Gannon. Yo empecé la facultad con 17 años; y en la época de Franco no teníamos ni idea de nada. Ahora los chicos de esa edad saben latín. Nos tenían metidos en casa, en jaulitas, y luego nos soltaban a la facultad, y ahí nos pegábamos unas tremendas; era la época de los “grises”… Yo era de una familia de derechas.

 

S.: ¿Sus estudios de Medicina le han servido para algo en la vida?
N.N.: Sí, sí. Lo más grande y quizá lo único importante que he hecho en mi vida es salvarle la vida a una vecina dándole un masaje cardiaco. Le devolví la vida, vamos. Fue mi primer año en Madrid, estaba en un piso con otros estudiantes de teatro y, de pronto, vino una de las vecinas gritando: ¡Mamá se ha muerto!, ¡mamá se ha muerto! Me puse a llamar por teléfono a una ambulancia, porque éramos de los pocos que teníamos teléfono en el vecindario, y me dice uno: “¿Tú no estudiaste Medicina? Ve a ver”. Bajé y me encontré a la señora muerta, sin respirar. Cogí un boli y le hice el reflejo de Babinski en el pie, y lo movió. La tiré al suelo y me puse a darle un masaje cardiaco, y empezó a respirar.

 

S.: Estudió en la Resad (Real Escuela Superior de Arte Dramático) y, luego, empezó a trabajar con Julio Médem, Almodóvar, Martínez Lázaro… ¿Cuál ha sido su trabajo más satisfactorio?
N.N.: La película que más me gusta es una súper desconocida, pero excelente, por la que me dieron un premio en el Festival de Málaga, Tuya siempre, de Manolo Lombardero. Mi participación en el cine abarca unas 30 películas, hasta la fecha, y nunca he tenido una de éxito. Lo más cercano ha sido Los amantes del Círculo Polar.

 

S.: Pero, ¿se siente orgulloso de su trayectoria o echa de menos más premios y más películas?
N.N.: Si cuando fui a matricularme en la Escuela de Arte Dramático me hubieran dicho: “Mira, dentro de 34 años vas a estar aquí”, yo hubiera dicho: “¿Dónde hay que firmar?”. Eso no quita que me hubiera gustado hacer este o aquel papel.

 

S.: Mucha gente le recuerda solo por El Club de la Comedia.
N.N.:
Sí, aunque detesto esta idea que tienen de mí como monologuista. Los monólogos han sido en mi carrera pan para hoy y hambre para mañana. A raíz de hacerlos me dejaron de llamar para trabajar en el cine; hice menos películas. Pero, por otro lado, –porque en la vida no se sabe lo que es bueno y lo que es malo– los monólogos de El Club de la Comedia hicieron que, cuando los americanos vinieron a buscar a alguien para hacer en España El Cavernícola, pensaran en mí. Y mira por dónde que esta obra lleva dándome de comer muchos años.

 

S.: También acaba de publicar su segunda novela, Despertar, sobre un joven que estudia interpretación y que busca el verdadero amor. ¿Es biográfica? ¿Cómo surge?
N.N.: Su protagonista tiene en común conmigo sentimientos, formas de pensar y algunas situaciones que he vivido, pero yo no he pasado por las tinieblas por las que él pasa. En mi proceso creativo soy muy caótico y de mucho pensar. He tardado como cuatro meses en escribir este libro pero llevo catorce años pensando en él. Despertar nació como un cuento en 1998. Desde que lo hice pensé que podía ser una novela larga.

 

S.: Dentro de su faceta creadora, ¿qué prefiere: escribir y describir un personaje o interpretarlo?
N.N.:
Me gustan las dos cosas; no sabría decirte. También me encanta dirigir actores y hago mucho microteatro. En el Gastrofestival de este año escribí y dirigí una obra sobre el albariño: Álvaro o la fuerza del vino. Trata de un tipo (Vito Sanz) que celebra que se acaba de separar abriendo una botella de albariño que tiene en el congelador. Al descorcharla sale el espíritu de la uva (Teté Delgado) y le mete una bronca: “¡Cómo metes el albariño en el congelador, estos madrileños no tenéis ni idea…!” El espíritu le hace reflexionar sobre su separación y al final acaba llorando y, arrepentido, llama a la mujer. También he dirigido una obra de José Sanchis Sinisterra que va sobre el autismo, titulada La máquina del azar. Se estrenó en Alcalá de Henares y empezaremos una gira por Galicia a finales de noviembre o diciembre de 2012.

 

S.: Una obra sobre el autismo, la recaudación de su última novela es para luchar contra el síndrome de West... Le veo muy sensibilizado con este tipo de enfermedades minoritarias.
N.N.:
El hijo de un amigo padece ese síndrome. Es una encefalopatía aberrante, una epilepsia que sufren niños con apenas unos meses de edad. Siempre he pensado en dar parte de la pasta que gano a causas solidarias. Pero no quiero dárselo ni a Médicos sin Fronteras, porque se lo gastan en anuncios, ni a Cruz Roja… No me fío de dónde va a parar ese dinero. Me da la impresión de que uno quita un céntimo de aquí y otro coge otro céntimo... Como las lentejas de Las bicicletas son para el verano, que al final no quedan. Ahora siempre colaboro con gente conocida.

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