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Territorio Gourmand

Amberes

Autor: Enrique Sancho
Martes, 11 de diciembre de 2012
Noticia clasificada en: Escapadas gastronómicas

Es la ciudad de Rubens, los diamantes y la moda de última hora. Pero también la de los mejillones con patatas fritas, las cervezas o el chocolate… Amberes es una de las urbes europeas donde mejor se come y sus chefs están provocando un cambio en las bases de la gastronomía tradicional.

Como otras muchas capitales, la ciudad flamenca muestra dos caras al mundo. Una se observa en su casco antiguo, que aglutina el legado de una historia caracterizada por su intensa relación con la corona española, cuyo vínculo se prolongó hasta bien entrado el siglo XVIII. La Plaza Mayor (Grote Markt) y sus alrededores, con el ayuntamiento y los edificios gremiales, son magníficos ejemplos. En el centro de la plaza está la escultura que rinde tributo al legendario fundador de Amberes, el centurión Silvio Brabo, cuyo gesto contra el gigante Antigón dio nombre a la ciudad. Literalmente Antwerpen (Amberes en flamenco) significa “lanzar la mano”. Otro edificio destacado es la Casa de los Carniceros, pero sin duda el más importante de la ciudad es la catedral gótica de Nuestra Señora.

 

No muy lejos están la iglesia de San Carlos Borromeo, la Estación Central de tren –elegida por la revista Newsweek entre las cuatro más bellas del mundo–y la elegante arteria Meir, con palacetes y edificios señoriales hoy convertidos en almacenes y tiendas de las mejores marcas. Entre ellos el recién restaurado Palacio del Meir, que da nombre a la avenida.

 

La otra cara de la ciudad, la más actual, se descubre en la orilla del río Escalda. Aquí se encuentran las tiendas de moda, el diseño más vanguardista y algunos de los mejores restaurantes. Su símbolo es el MAS (tampoco lo pensaron mucho, quiere decir: Museum Aan de Stroom –Museo Sobre el Río–), que es el lugar donde la ciudad y el puerto se encuentran y el nuevo icono de Amberes.

 

El poder de la gastronomía
Los flamencos en general, y los amberinos en particular, sienten una auténtica devoción por los asuntos del buen comer y presumen de ello ante sus visitantes. Precisamente el año 2012 ha sido elegido como el año de la gastronomía en Bruselas, con el ánimo de dar a conocer la zona como territorio gourmand. Así nació «Vlaanderen Lekker Land» («Flandes, tierra deliciosa»), una iniciativa que, asimismo, sirvió para originar «Flanders for Foodies» («Flandes para amantes de la cocina»), a través de la cual una selección de jóvenes y prometedores chefs embajadores de la gastronomía flamenca muestran su buen hacer por todo el mundo.

 

Además, la Oficina de Turismo ha puesto en marcha una iniciativa que permite descubrir las posibilidades de Amberes a través de unos paseos temáticos diseñados para tal fin. En ellos se descubre, entre otras cosas, que la mano es el símbolo de la ciudad, y por tanto, no solo se encuentra en los tapices de épocas pasadas sino en las mejores confiterías; que la cerveza local se llama coloquialmente «bolleke» en honor a la forma redondeada de la copa en la que se sirve; que el «filete» de Amberes es un plato de charcutería fina, y que el «elixir» resulta altamente digestivo. Los paseos tienen diferentes itinerarios y duración, desde los que se paran en ocho lugares para degustar productos, hasta los que se centran en los cafés de la ciudad y la historia de los barrios en los que se hallan.

 

En Flandes se come muy bien en cualquier lugar, tanto en los mesones más sencillos como en los numerosos y agradables restaurantes. A pesar de la existencia de famosos jefes de cocina con fama internacional, no son solo ellos los que llevan a la práctica esta cultura gastronómica; una nueva generación de cocineros mantiene el alto nivel de la cocina. La gastronomía flamenca combina la exquisitez de la francesa con la abundancia de la alemana. Por este motivo, lo más habitual es pedir un solo plato, que suele ser muy copioso. Si se quiere vivir como viven los habitantes de esta ciudad, hay que empezar por lo más sencillo, conociendo y disfrutando los fritkots; luego, hacerse adicto a los mejillones y, cuando se pueda, probar el waterzooi.

 

Patatas fritas, manjar sublime
Los fritkots son unos pequeños establecimientos donde se venden unos cucuruchos de patatas fritas que figuran entre los platos nacionales por excelencia. En Amberes y otras ciudades flamencas, se encuentran patatas en puestos callejeros y como guarnición de todos los platos. El secreto está en freírlas dos veces: la primera, a fuego lento, para que queden tiernas; la segunda, bien fuerte, para que crujan. De lo que no hay duda es de que los flamencos sienten adoración por ellas, hasta el punto de haberles dedicado dos museos, uno de ellos en Amberes y otro, en Brujas.

 

Los platos nacionales
Compañeros imprescindibles de un buen plato de patatas fritas son los mejillones. Muy sabrosos y más pequeños que los de Galicia –proceden de las zonas costeras del Mar del Norte–, los Moules au vin blanc se ofrecen casi en cualquier restaurante del país y para prepararlos se suele usar una olla especial con asas y tapa abombada, que también se utiliza para servirlos en la mesa. Como curiosidad, la costumbre es comerlos usando como pinzas una de las conchas de los mejillones, en la que se recoge el delicioso caldo. En algunos lugares se elaboran diferentes recetas, con salsa de champiñones y nata, o salsa de curry suave.

 

Subiendo al siguiente nivel gastronómico, hay que referirse al waterzooi, un finísimo estofado de pollo o pescado que suelen hacer con verduras como puerros, zanahorias y patatas. Es un plato contundente, sabrosísimo y muy energético. Otros platos típicos son carbonades a la flamenca, guiso de carne de buey con cerveza, el conejo con mostaza y cerveza, las croquetas de gambas grises o de queso, los tomates rellenos de gambas grises o la morcilla con compota de manzana. La comida se completa siempre, como también hacen los franceses, con algunos quesos, como los de Passendale, Postel, Wynendale, Loo, Oud-Brugge… En Amberes no hay grandes vinos, pero sí hasta casi 500 variedades de cerveza de todos los colores: blanca, roja, marrón, ámbar o dorado intenso. La más conocida es la Bolleke De Koninck.

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