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El valor de la marca

Vinos de la Tierra, refugio del prestigio

Autor: Mara Sánchez
Lunes, 4 de agosto de 2014
Noticia clasificada en: Vinos españoles

La mención tradicional ‘vino de la tierra’ surge para acoger vinos de mesa que no cumplen los requisitos de la denominación de origen más cercana, pero también para los que optan por elaborar al margen de cualquier consejo regulador.

En este escenario, y con categoría de Indicación Geográfica Protegida, los vinos de la tierra aportan mayor estatus a esos vinos de mesa, atendiendo una mínima normativa y pudiendo incluir en su etiqueta información relativa a variedades, crianza y origen. Y elaboraciones que, en determinadas zonas del país, disfrutan de gran reconocimiento y mayor prestigio que los vinos amparados por una denominación. No obstante, la calidad no entiende de D.O. ni de I.G.P.

 

Abadía Retuerta, Vino de la Tierra que aspira a ser Vino de PagoHay una sensación latente de que las denominaciones de origen no viven su mejor momento. Son reinos de taifas necesitados, en muchos casos, de revisión y profesionalización, si bien es cierto que conforman el paraguas más deseado por la mayoría de las bodegas. No obstante, cada vez es mayor el número de elaboradores, sobre todo si se trata de nuevos, para quienes pertenecer a estas zonas de producción carece de interés alguno salvo en los casos de las más importantes, como pueden ser Rioja, Ribera del Duero o Rueda, entre otras. Ante esta situación de cierto recelo, muchas bodegas optan por que sus vinos vayan etiquetados como Vino de la Tierra (V.T.), una Indicación Geográfica Protegida (I.G.P.) que les supone un plus cualitativo de cara a la competencia y los mercados.

 

La I.G.P. Vino de la Tierra nació para contribuir a la comercialización de elaboraciones que no querían aparecer como vinos de mesa pero tampoco podían acceder a ser acogidas por una D.O. Las cosas han ido cambiando con el tiempo y crece el número de bodegas, en especial en zonas vinícolas que no disfrutan del mejor reconocimiento, que prefieren llevar la mención de Vino de la Tierra que el nombre de la denominación que podría corresponderle por situación geográfica.

 

Cifras y letras

Según los datos más recientes facilitados por el Ministerio de Agricultura, relativos a la campaña 2011-2012, de las 41 I.G.P.’S que hay actualmente en España, Castilla (referida a Castilla-La Mancha) es la zona con mayor superficie apta para I.G.P. copando el 51% del total, seguida de Extremadura con un 41%: unos altos porcentajes que pueden estar relacionados con la imagen, no excesivamente prestigiada o reconocida, de sus denominaciones de origen. Es mayor la cantidad de bodegas que embotellan como V.T. de Castilla y León (149), que como V.T. de Castilla (115), seguidas de las 92 que lo hacen en Extremadura y las 25 de Mallorca, del total de 478 que lo hacen entre todas las indicaciones españolas, pero es en Castilla donde se obtiene la mayor producción por Indicación Geográfica, el 74% del total, seguida muy de lejos por Extremadura, con un 17,7% y Castilla y León, donde baja a un 4,9%. O lo que es lo mismo, más de un millón y medio de hectolitros de vino procedentes de viñas manchegas, para pasar a los casi 369.000 de las extremeñas y los poco más de 101.000 de zonas castellano leonesas, de los más de dos millones de hectolitros producidos en la totalidad de la campaña 2011-2012. Solo unas pocas cifras para acreditar aquel primer argumento de que hay bodegas que prefieren acogerse a la mención V.T. porque consideran que aporta mejor imagen que alguna de las denominaciones existentes. Basta con mirar a muchos de los vinos con más repercusión de Castilla-La Mancha, como son los de Bodegas Ercavio; Mano a Mano; Casa del Valle; Vallegarcía o Los Aljibes. Fue en 1999 cuando las Cortes castellano-manchegas aprobaron la I.G.P. Vino de la Tierra de Castilla para favorecer, esgrimían, su identificación frente a los de la D.O. y los vinos de mesa. Y la indicación ha tenido una gran acogida en esta región.

 

Origen de la IGP

Resulta obligado reparar en el variopinto perfil de las 41 indicaciones geográficas existentes, entre las cuales conviven zonas minúsculas con enormes territorios donde la mención Vino de la Tierra casi pierde su significado al abarcar regiones completas; son los casos de los V.T. de Castilla y León, V.T. de Castilla y los V.T. de Extremadura. En paralelo, solo en la provincia de Almería hay cinco menciones distintas, la región de Aragón cuenta también con cinco y Baleares reúne seis, con indicaciones geográficas en sus principales islas y donde Ánima Negra y 4 Kilos Vinícola son sus bodegas destacadas y vinos de referencia comercializados como V.T. de Mallorca.

 

La I.G.P. Vino de la Tierra nació para ayudar a vender vinos sin DO que se resistían a llevar la etiqueta "vino de mesa"Intentemos aclarar qué es la Indicación Geográfica Protegida Vino de la Tierra, algo nada sencillo a causa de esa diversidad geográfica. Grosso modo, y como marca la normativa comunitaria, son esos vinos elaborados a partir de variedades determinadas y procedentes de una zona de producción concreta, por lo que pueden incluir en su etiqueta menciones relativas a las variedades, añadas, bodega, y referencias a las condiciones naturales o técnicas de viticultura. Como recuerdan desde el Ministerio de Agricultura, una Orden del 1 de agosto de 1979 reglamentaba el uso de indicaciones relativas a la calidad, edad y crianza de los vinos y permitía, en la presentación de los vinos sin D.O., utilizar el nombre de una comarca vitícola siempre que la uva procediera de variedades determinadas, fuera originaria de esa zona, la fermentación se realizara allí, y el grado alcohólico cumpliera unos mínimos fijados. Se trataba, por tanto, de los llamados vinos de mesa (blancos, tintos y rosados) a los que, sin estar acogidos a una denominación, se les permitía utilizar un nombre geográfico. Posteriormente, la Orden de 11 de diciembre de 1986 regulaba la utilización de nombres geográficos y de la mención “vino de la tierra” en la designación de los vinos de mesa en sintonía con lo que la OCM de aquel momento permitía (Reglamento comunitario CEE 822/87). Dos años después, se estipulaba las menciones que podían llevar estos vinos y no el resto de vinos de mesa. Éstas eran su localización, el nombre de una o dos variedades de uva, el año de cosecha, o la mención “vino de la tierra”. Además, a los vinos con derecho a esta última mención se les eximía de la obligación de indicar la expresión “vino de mesa”.

 

Todo ello hacía que, bajo una mínima regulación, estos vinos presentaran ante el consumidor un mayor estatus que el resto de vinos de mesa, a los que les está prohibido incluir esa clase de información.

 

En un principio, solo los vinos de mesa con indicación geográfica podían ir acompañados por el nombre de una unidad geográfica, para luego ampliarse a los de aguja, de licor y los de uva sobremadurada. Más tarde, tras la reforma de la OCM de 2008, los Vinos de la Tierra pasan a ser I.G.P.’S de vinos.

 

En cuanto a su importancia comercial, al principio, estas indicaciones respondían, en muchos casos, a comarcas vitícolas de, relativamente, pequeñas dimensiones, cuya aspiración real era alcanzar la protección de una D.O., por lo que, durante mucho tiempo, no tuvieron un gran desarrollo comercial pues no nacían con la intención de permanecer en dicho status. A día de hoy la situación es muy diferente, pues una I.G.P. favorece la comercialización de vinos que no logran entrar en una denominación, y ayuda también a esas bodegas que optan por elaborar al margen de Consejos Reguladores y pueden salir al mercado sin estar ‘lastrados’ por las connotaciones poco favorables de ser vino de mesa. Y es que la mención Vino de la Tierra, además de permitir información importante en la etiqueta, garantiza un origen, una calidad mínima y que al menos el 85% de las uvas proceda de la zona geográfica de la que lleva el nombre, donde también tiene que elaborarse.

 

La mención Vino de la Tierra, además de permitir información importante en la etiqueta, garantiza un origen, una calidad mínima y que al menos el 85% de las uvas proceda de la zona geográfica de la que lleva el nombre, donde también tiene que elaborarse.

 

La calidad al margen

Hemos visto lo que ha ido aconteciendo en Castilla-La Mancha, donde es habitual que las nuevas bodegas etiqueten sus elaboraciones como Vino de la Tierra, primero por localización pero además para conseguir mayor libertad, uno de los atractivos de esta mención frente a las estrictas normativas que tienen las denominaciones de origen. Adolfo Hornos, enólogo de Pago de Vallegarcía (Retuerta del Bullaque, Ciudad Real), así lo apunta. “La I.G.P. rellena un hueco entre la nada –vino de mesa– y la D.O., permite más libertad de movimientos y eso para mí es bueno ya que las DD.OO., en gran medida, tienen normativas muy rígidas que en muchos casos van en contra de la calidad por los muchos intereses que se cruzan en el seno de las denominaciones”. Pero añade algo más, “dentro de una D.O. se puede ser Vino de la Tierra, o cuando se excede la producción limitada de la denominación o porque descalifican el vino y el elaborador lo pasa a V.T.”. De cualquier modo, y como pasa también con las denominaciones, al amparo de una IGP con la que se visten elaboraciones de gran peso en el mercado –que han logrado hacer marca por encima de su indicación geográfica–, se da reconocimiento y favorece a vinos que, de otro modo, pasarían inadvertidos como vinos de mesa. Y es que también las indicaciones geográficas reúnen vinos de muy distintas calidades, “por lo que el prestigio lo da la marca y no la I.G.P. Nosotros somos Vino de la Tierra, al igual que Mauro o Abadía Retuerta, entre otros, pero también muchas otras bodegas que producen millones de botellas”, recuerda Hornos. Respecto a que sean o no competencia para los vinos con D.O., depende de la zona de la que procedan y de su relación calidad/precio. Pero, como el enólogo de Vallegarcía se atreve a señalar, en el caso de los manchegos “las denominaciones Mancha, Valdepeñas, Uclés y Manchuela sí tienen un competidor fuerte en los Vinos de la Tierra pues, aunque resulte políticamente incorrecto decirlo, tienen mayor prestigio ya que Mancha se asocia, en los mercados internacionales, con graneles de bajo precio”. Poco más que añadir.

 

El grupo jerezano González Byass también tuvo en cuenta la mayor libertad que dan las I.G.P’S, relativa al empleo de variedades y tipos de vinos elaborados, al diseñar lo que sería Finca Constancia, su bodega toledana, “aunque, antes de nada, a la hora de concebir este proyecto primó la elección del terreno y el microclima. Luego, en el caso de Finca Moncloa no tuvimos otra opción que ser V.T. Cádiz”, explica Marina García, Marketing Manager del grupo. Dicho esto, tiene claro que una D.O. da más categoría que etiquetar como V.T., “pues hemos acostumbrado a eso al consumidor. No obstante, la calidad la debe dar la marca, sin paraguas”, concluye.

 

Sin abandonar Cádiz, también en Arcos de la Frontera, Vicente Taberner no tuvo otra opción que elaborar como V.T. cuando puso en marcha Huerta de Albalá, pero tampoco le afectó especialmente porque, afirma convencido, “el consumidor de hoy solo busca una buena relación calidad-precio, y el reconocimiento y la imagen no dependen de una mención sino de que los vinos sean buenos y de la responsabilidad y seriedad con la que se trabaja; por tanto, la localización o una denominación no significan, por sí mismas, calidad”.

 

Castilla y León, trascendiendo su renombre

Las grandes denominaciones de Castilla y León tienen un enorme peso en el panorama nacional, con lo que la trascendencia de su indicación geográfica puede considerarse relativa; pero son bastantes las bodegas, y los vinos, incluidos en la I.G.P. y más que destacadas y prestigiadas algunas de sus referencias.

 

La indicación se pone en marcha en el año 2000 posibilitando el empleo de una amplísima variedad de uvas, y dando mayor libertad en la elaboración al no estar sujeta a plazos de crianza, además de poder embotellar los vinos fuera de la zona de producción. Entre los nombres más afamados de la I.G.P. Vino de la Tierra de Castilla y León se cuentan las vallisoletanas Bodegas Mauro (Tudela de Duero), Abadía Retuerta (Sardón de Duero), o Bodegas Leda (Tudela de Duero); la segoviana Ossian, o Viñas Viejas de Cebreros, en la provincia de Ávila. Bodegas y vinos que, a día de hoy, tienen nombre por encima de indicación geográfica y motivo por el que Abadía Retuerta aspira ahora a conseguir su reconocimiento como Vino de Pago. Su historia comienza hace 22 años junto al Duero y aunque pretendían formar parte de la D.O. Ribera del Duero se les denegó. De todos Muchos de los elaboradores que escogen ser V.T. coinciden en el valor de la marcamodos, la bodega recuperó la tradición vinícola que existía en torno a su abadía, protegiendo las variedades de toda la vida, su tipicidad; “pero no nos quedaba otra que ser vino de mesa –recuerda Álvaro Pérez, director de Comunicación de la bodega– y lo pasamos fatal hasta que cambió la ley, cuando pasamos a Vino de la Tierra, el máximo marchamo de calidad al que podíamos aspirar”. Ahora, tiempo después, Abadía Retuerta vende por sí misma porque han logrado hacer marca, y su deseo es convertirse en el primer vino de pago de Castilla y León, “para lo que ya tenemos preparada toda la documentación”, asegura Pérez. Llegados a este punto, miran a la D.O. con distancia pero aseguran que su autorregulación es mucho más estricta “porque la reputación de cualquier casa pasa por su manera de trabajar, así es como se hace marca”.

 

Unas palabras con las que coincide José Masaveu, director general de Masaveu Bodegas, vinculado a Leda desde hace cinco años y quien destaca que vinos como Ossian, Mauro, Abadía Retuerta, Vallegarcía, Terrerazo, Cadozos, Ánima Negra o 4 kilos, entre otros, demuestran que la marca está por encima de cualquier denominación o indicación geográfica, “pues la marca es un compendio de información que hemos insertado en la mente del consumidor y le transmite valor además de emociones”. En el caso particular de Leda, ser Vino de la Tierra les ha ayudado a crear un vino multi-terroir, “pudiendo buscar las mejores uvas allí donde estén y darles la mejor crianza, sin corsés, utilizando todo lo que veamos útil para crear un gran vino en el valle del Duero”, concluye Masaveu.

 

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