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El sueño de Ginés Fernández, viticultor

Gancedo, evolución sin revolución

Autor: Raquel Pardo
Jueves, 3 de julio de 2014

Bodegas Gancedo comienza una nueva etapa con socios financieros para acometer mejoras que permitan evolucionar en el concepto fundado por Ginés Fernández.

“No pretendemos revolucionar los viñedos del Bierzo, solo intentaremos evolucionarlos, como han hecho las generaciones anteriores durante más de 2.000 años”. Así de tajante se expresa Ginés Fernández, un viticultor formado a sí mismo a base de cabezonería (como él mismo asegura) y pasión por la viña y el suelo, que le llevó en 1998 a comenzar junto a Juani Gancedo, su esposa, el proyecto de Bodegas Gancedo en Quilós, en la Denominación de Origen Bierzo. Ginés dejó la mina por un trabajo no menos duro y sacrificado, pero para él mucho más gratificante: elaborar un vino que expresara la tipicidad del Bierzo y del que sentirse orgulloso. Y es que este pequeño viticultor (un simple guiño a su tamaño, nada que ver con su calidad como elaborador) se ha entregado al territorio por completo desde entonces, y no ha dejado de observar, y estudiar, el comportamiento del terreno sobre el que se asienta su materia prima para ir adquiriendo, a base de esfuerzos y créditos bancarios, una gran parte del viñedo viejo del Bierzo, del que hoy tiene una gran parte entre sus 13 hectáreas y 62 parcelas en propiedad.

 

Ginés habla de sus parcelas casi humanizándolas, y describe de cada una, de Calabaza, de Lamas de Picón, de Ucedo, de Peña Rubia o de los Infiernos el cómo y el por qué de su plantación, sus necesidades, su suelo, su orientación, su clima, y las dibuja palmo a palmo, con la seguridad que da haberse dedicado a la viña por pasión y no por obligación.

 

“Tengo la suerte de haber nacido en el Bierzo, una de las regiones más singulares del mundo, solo superada, quizás, por Borgoña”, sentencia. Y su convicción es clara, rotunda: está en un terreno privilegiado y hay que sacar partido a eso.

 

Excepto el tractor de oruga para algunas labores, el trabajo en la viña es manualPoco a poco fue adquiriendo parcelas con viñedo viejo donde crecen, a veces mezcladas, cepas de mencía, godello y doña blanca (“¿pero es que no sabéis distinguirlas?” pregunta, casi indignado, durante la visita a las fincas) y donde la edad aproximada de las cepas está entre los 60 y 100 años. Cuenta cómo se las ingenió para que el consejo admitiera como viñedo experimental uno plantado por él con una densidad de plantación superior a la que amparaba el organismo regulador, y esa tozudez de la que hace gala logró convencer a los administradores de que así se podía mejorar la calidad de los vinos. Aboga por calcular la producción por cepa, no por hectárea, para corregir desviaciones a la hora de estimar la calidad, pues precisamente con una densidad de plantación como la que él implantó, de 4.500 cepas por hectárea, originaba un rendimiento por cepa menor, una uva más concentrada y más expresiva.

 

La contradicción del viticultor

Ginés no es muy diferente de otros locos del terroir en esa obsesión por el suelo, el viñedo y el clima, pero sí se aparta algo en cuanto a la elaboración de sus vinos. Para él, de momento, lo que importa es la expresividad de la región (o de sus propiedades, siendo estrictos), no de una parcela concreta, ya que en sus vinos combina uvas procedentes de diferentes viñedos, mezcla sus parcelas favoritas con otras que no le convencen igual, diluye en parte esa apuesta por la viña en aras de una tipicidad que, en su caso, está muy conseguida. Pero hay que recordar que no siempre esa expresión típica de una región tiene que correr paralela a la calidad (y no es solo el Bierzo ejemplo de eso, se dan casos en regiones como Ribeiro, Txacoli de Bizkaia, Ribera del Duero o Rueda), aunque Ginés Fernández tiene tal control sobre la materia prima que necesariamente obtiene un resultado notable en los vinos.

 “Tengo la suerte de haber nacido en el Bierzo, una de las regiones más singulares del mundo, solo superada, quizás, por Borgoña”

 

Es precisamente eso, el vino, lo que le ha dado fama en El Bierzo y ha conseguido que hace unos meses Luis López y José Cereijo, el primero empresario hostelero y el segundo ingeniero de minas experto en sondeos,  se hayan incorporado a Gancedo como accionistas, lo que ha permitido a Juani y Ginés seguir evolucionando sin pagos pendientes, construir una bodega que se está acondicionando aún  y continuar el proyecto con el apoyo de unos socios que creen firmemente en el viticultor, pero sobre todo, a los que les gustan los vinos que saca al mercado.

 

Hablando de vinos…

… que es al final donde se aprecia ese trabajo, en Gancedo se elaboran únicamente blancos y tintos con uvas autóctonas procedentes del viñedo propio. Capricho y Herencia de Capricho son los vinos blancos, elaborados con godello y una pequeña proporción de doña blanca. La primera marca corresponde a los vinos jóvenes, pese a que Ginés apuesta por la guarda y muestra unas añadas antiguas, 2007 y 2006, que se mantienen en buena forma y despliegan aromas de crianza (panadería) frescura y sabrosidad en la boca.

 

Una de las 62 parcelas en propiedad de Ginés Fernández con viñedo muy viejoHerencia de Capricho es un vino que se elabora “por jugar en la bodega”, comenta Ginés, y que fermenta en barricas sin tostar de roble francés. Lleva una proporción muy pequeña de doña blanca, que, afirma, no le gusta cómo marca los vinos de este tipo y la hará desaparecer en los coupages. Las añadas 05, 06 y 07 son vinos muy frescos pese a su edad, elegantes, intensos, sobre todo un destacable 2006, en un perfecto momento de consumo, muy placentero.

 

Los tintos se llaman Gancedo (los jóvenes), Xestal y Ucedo, estos dos con crianza de unos doce meses en barricas de roble francés. El último se empezó a elaborar en 2004 en busca de la expresión de microclimas especiales dentro de su amalgama de parcelas y seleccionando las uvas para mostrar frescura y potencia. Si bien las dos primeras cosechas son vinos fluidos e intensos, las que están por salir al mercado muestran con su expresividad, tipicidad y equilibrio un aprendizaje en el que Ginés se ha empeñado, no para revolucionar, sino para evolucionar. A juzgar por lo que cuenta, los vinos, lo está consiguiendo.

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