Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Enviar por email
Hasta la Cocina

Oído Cocina

Autor: José Manuel Vilabella
Domingo, 17 de agosto de 2014

Hace unos días que cambié mi viejo teléfono móvil por otro modernísimo. Qué maravilla, oiga...

En lugar de llamar por teléfono descubro que se puede conversar con un invento que se llama WhatsApp, que además de utilísimo es gratis. Yo, en confianza, le llamo wuasap, que es como llamarle Manolo a don Manuel. Hago wuasap con mis ocho hijos que viven en diversos puntos de España y del extranjero y los tengo a todos localizados. “Papá, papá, qué alegría saber de ti después de tantos años”, me dijo Fortunato; Jacintita lloraba de emoción desde Noruega y Emilín, al que no veo hace dos décadas, me mandó un beso y un suspiro. Y es que una familia que wuasapea unida permanece unida. Gracias a las modernas tecnologías me entero de que tengo 15 nietos cuando creía que tenía solo 7.

 

Gracias a las modernas tecnologías me entero de que tengo 15 nietos cuando creía que tenía solo 7.

 

La gente, en el Wuasap, se ríe por escrito. Dicen jajaja y te mandan símbolos para decirte que están tristes o que están contentos. Hablan, al mismo tiempo, en castellano y en morse. Eso de reírse por escrito yo solo lo he visto en la novelas y me da mucho pudor escribirlo. Es más, me niego. No me sale un jajaja natural, desenvuelto, de caballero educado; me sale un jojojo nervioso o un jejeje de señor coñón o, incluso, un jijiji, algo mariquitín. Tampoco sé llorar por escrito y si algún lector sabe cómo hacerlo que me lo diga con urgencia. Se escribe ayayay, como en las saetas, o guáguáguá, con sentimiento. Zipi y Zape cuando les reñía su papá exclamaban un ¡Buuuuuuuuuuuuaaaaaa! que rompía el corazón. Se puede uno reír por escrito como en el wuasap pero no es posible sollozar cuando se emplea la palabra escrita si se quiere mantener la dignidad. Un novelista que se precie no hará que la protagonista desesperada, a la que acaba de abandonar su marido por una rubia esplendorosa, solloce como lo hacían a dúo Zipi y Zape; el autor utilizará trucos sutiles, detallará el estupor de la esposa traicionada, el dolor insoportable del abandono. Pero la bella Genoveva, dejada en la estacada por el pérfido don Rodolfo, no demostrará su desconsuelo con un Buuuuuuuuaaaaaaaaa, de comic, de Escobar. En el futuro, y por favor, recuerden lo que les digo, al camarero le pondremos un wuasap para que nos traiga rápido los macarrones y el maître, ese señor tan fino que nunca pierde los modales, le enviará a su enemigo natural, al chef, un mensaje gratuito en lugar de decirle de viva voz el “oído cocina” de toda la vida. Son milagros de la tecnología.

 

Compartir en:
Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Sobremesa: revista de gastronomía y vinos
Revista Sobremesa • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2019 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress