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Firme, sin pausa

El futuro de Vega Sicilia: viejos mitos, nueva etapa

Autor: Amaya Cervera. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Miércoles, 13 de enero de 2016

Cuanto más asentada está una marca, más lentos e imperceptibles son sus movimientos. El gran mito del vino español se ha transformado radicalmente en los últimos 25 años y su consejero delegado, Pablo Álvarez, habla de nueva etapa.

Para un hombre que piensa que “el mejor vino está por hacer” y que cada año hay que intentar superar al anterior, no parece haber descanso posible. Por si fuera poco, cada vez que Pablo Álvarez (Bilbao, 1954) concede una entrevista desvela proyectos o intenciones. Ya hace tiempo que ha dejado clara su voluntad de expandir el grupo de bodegas agrupado bajo el paraguas Tempos Vega Sicilia que actualmente abarca proyectos en Ribera del Duero (Vega Sicilia y Alión), Toro (Pintia), Rioja (Macán en joint-venture con los Rothschild) y Hungría (Oremus). De momento, ha reconocido operaciones fallidas en Champagne y Jerez, así como la dificultad de instalarse en regiones míticas como Burdeos y Borgoña. Incluso, y pese al convencimiento de Álvarez de que “lo que mejor sabemos hacer es vino”, se está estudiando la posibilidad de crear un hotel en Vega Sicilia, lo que en cierto modo obligaría a la mítica firma de Valbuena del Duero a salir de su no menos legendario aislamiento.

 

¿Cuántas ideas y propuestas pasan por la cabeza y la mesa del consejero delegado de Vega Sicilia? Seguramente, el nivel de exigencia de la casa se mide mejor por el número de las que se quedaron por el camino. La fallida elaboración de un vino blanco es un ejemplo perfecto. Se intentó primero en Ávila, en la propiedad de El Quexigal, buscando altitud,  frescura y el exotismo de la sauvignon blanc; luego en la propia finca de Vega Sicilia, cultivando desde chardonnay hasta roussanne y marsanne en alguna de sus laderas expuestas al norte de las que ya no queda ni rastro porque se acaban de replantar con tempranillo; y ahora se están haciendo pruebas con las viuras viejas plantadas en las cabezadas o partes altas de las viñas de Rioja. Quién sabe si llegaremos a ver un blanco moderno de Vega Sicilia que dé réplica a aquellas raras y muy escasas elaboraciones de principios del siglo XX. Probablemente, sólo si está a la altura de algunos grandes del mundo y del paladar del propio Álvarez, enamorado confeso de las expresiones blancas más míticas de Borgoña.

 

Desde que la familia Álvarez adquirió Vega Sicilia en 1982 se ha realizado un ingente trabajo de transformación. Primero en viña, con objeto de autoabastecerse de sus propias uvas; después, con la renovación paulatina de instalaciones que culminó con la inauguración de la nueva bodega en verano de 2012; aquí, entre otros avances, se duplicaron los depósitos de vinificación para conseguir máxima precisión al elaborar por parcelas. La ardua tarea que se plantea para los próximos 40 a 50 años es la renovación de la práctica totalidad del viñedo. Esto es planificación a largo plazo.

 

Mayor cercanía

 

La nueva etapa de la que habla Álvarez empezó hace cuatro años “con la realización de un estudio sobre cómo nos percibían en España que culminó con la contratación en 2015 de Antonio Menéndez, nuestro nuevo director comercial y de marketing”.

 

Según detalla Menéndez, “el estudio venía a decir que pese al prestigio y alto conocimiento de Vega Sicilia, la marca se veía algo distante y separada del público; pero el punto más inquietante era el hecho de que no conectaba con los jóvenes”.

 

En los últimos meses hemos podido ver diferentes gestos en favor de una mayor cercanía tales como la nueva web que arrancó en verano y otros más sorprendentes dentro de la discreción y sigilo tradicional de esta casa como la apertura de cuentas en Twitter y Facebook. “Queremos explicar lo que hacemos –concluye Menéndez– sin perder la esencia y el claro factor aspiracional que lleva implícito la marca”.

 

[Img #9242]Puertas adentro también ha habido cambios. El más sonado, que se anunciaba a principios de agosto, la salida del enólogo Xavier Ausàs después de 24 vendimias en la casa. Pocos días después se conocía la incorporación de Gonzalo Iturriaga como nuevo director técnico. Madrileño de padre riojano, Iturriaga trabajó en sus inicios en la bodega de Ribera del Duero Alonso del Yerro; luego fue durante cinco años enólogo de Bodegas Habla en Extremadura y posteriormente director de exportación de Lamothe-Abiet, empresa comercializadora de productos enológicos, lo que en sus propias palabras le ha permitido “conocer enólogos de toda España, Argentina, Chile y Uruguay y ver millones de problemas en todas partes”. Se le ve aún despistado cuando se mueve por la bodega pero ha tenido la suerte de aterrizar en una vendimia fácil y de calidad y está fascinado por la finura de los taninos que se obtienen en las parcelas más significativas que se destinan a Único, entre las que El Correón es probablemente su favorita.

 

Iturriaga cree que puede aportar corporativismo a la casa y está buscando tener la participación de todo el equipo de bodega. Una vez a la semana viaja a Toro y a Rioja y hay reuniones del equipo técnico cada tres semanas. Su principal apoyo es Enrique Macías, madrileño de padres salmantinos que desde 2003 dirige la viticultura de las distintas bodegas del grupo y al que Pablo Álvarez está dando mayor visibilidad.

 

Macías defiende una viticultura sensata y de observación continua. Cree que las decisiones que tomó Pablo Álvarez en sus primeros años de gestión de dejar de usar herbicidas (1983) y abandonar los abonos químicos (1985) han repercutido muy favorablemente en la salud del suelo. Al igual que la tradición de trabajar con selecciones masales e injertos en campo que han permitido preservar el material vegetal de la finca. Durante los últimos siete años se ha realizado una laboriosa selección clonal de tempranillo junto al viverista de Borgoña Guillaume que ha concluido con la identificación de 22 clones y la conservación de otros biotipos que parecen menos adecuados en el momento actual, pero que se guardarán como parte de la identidad de la finca. Por otro lado, el estudio de suelos que se realizó a partir de 1998 “ha sido la base del diseño de la nueva bodega”, insiste.

 

Expertos en calidad

 

La conjunción de muchos detalles y la obsesión por hacer bien las cosas son determinantes en esta casa. Sólo hay que ver cómo se han gestionado las crisis. “Cuando tuvimos el problema con los corchos en 1999, casi se anunció el fin de Vega Sicilia. El año pasado hemos dejado de sacar 400.000 botellas al mercado por un problema de turbidez que no es raro encontrar en otros vinos. En el mundo del vino hay muchos problemas y, desde luego, el consumidor no es tonto”, señala Álvarez.

 

Incluso la reciente muerte del patriarca David Álvarez y los enfrentamientos familiares de los últimos años entre el padre y dos de los hijos por un lado y los otros cinco hermanos por otro, no parecen haber incidido en la gestión y en la firme hoja de ruta de Vega Sicilia. Los bautizados por la prensa económica española como “hijos díscolos” (el propio Álvarez muestra gran sentido del humor al utilizar el término para autocalificarse) controlan la mayor parte de las acciones de la sociedad El Enebro que engloba el grupo de bodegas, la finca El Quexigal en Cebreros (Ávila) o la empresa de productos cárnicos Valles del Esla.

 

[Img #9241]Dentro de este contexto amplio, el segundo de los siete hermanos no descarta la expansión a otros sectores más allá del vino: “Aunque es complicado, el tema de la calidad va ir a más” dice Álvarez. “Cada vez hay más cultura en este sentido y la gente está dispuesta a pagar por algo que sea de verdad”. Sabe de lo que habla. Hoy Vega Sicilia es el vino español mejor cotizado en el mercado de vinos finos y prácticamente el único con una trayectoria sólida en el índice Liv-ex 1000 que sigue los vinos más prestigiosos del mundo y en el que España representa un nimio 0,8%. Pero la añada 1994 de Único por ejemplo se ha revalorizado un 103% en los últimos 10 años. Uno de los mayores coleccionistas de vino del mundo, el brasileño Célio Pintio de Almeida, organizó en 2015 una espectacular vertical de Vega Sicilia con 76 cosechas de Único y más de 30 ediciones de Reserva Especial a la que asistió el propio Pablo Álvarez en el que puede ser probablemente el mayor despliegue realizado nunca con vinos históricos de la bodega.

 

En diciembre pasado Nueva York fue escenario de un evento similar que recorrió 33 añadas de Único desde 1915 a 1975. Quien asistió en esta ocasión fue Gonzalo Iturriaga, encantado de compartir mesa no solo con apasionados sino también con grandes conocedores de la marca. “Fue como una gran clase magistral en la que 30 de los 33 vinos salieron muy bien. El comentario más repetido era la gran consistencia de los vinos en todas las décadas”, recuerda el nuevo director técnico del grupo.

 

Pablo Álvarez está convencido de que los vinos nunca han sido tan buenos como ahora. “Hoy la calidad se puede igualar porque el trabajo en la viña te permite corregir los defectos de algunas parcelas”, comenta el consejero delegado de Vega Sicilia. Sin embargo y pese a que los niveles de calidad sean “más altos, consistentes y continuos”, insiste en que hay que respetar la personalidad de las viñas y de los vinos y tener cuidado de no caer en las modas. Conocido por su carácter afable pero reservado, a Álvarez se le ve más enérgico y comunicativo estos días a tono con la nueva línea aperturista de la casa. En la presentación a la prensa de Gonzalo Iturriaga en Madrid en noviembre pasado encajó con humor las previsibles dudas y reticencias ante el fichaje de un hombre no muy conocido en el sector y definitivamente no consagrado. Dejó claro que lo que había buscado era una persona “joven, preparada e inteligente para seguir navegando el barco de Vega Sicilia”. Cuando se tienen 150 años de historia a las espaldas, parece inevitable pensar a muy largo plazo.

 

 

 

 

El factor calcáreo

 

A su elaboración se destinan las parcelas más altas de la finca en exposición norte donde se consigue una mejor y mayor polimerización de taninos y antocianos, lo que es sinónimo de moléculas más estables y aptas para el envejecimiento. Para Enrique Macías, responsable de viticultura, más que la altitud, el factor diferencial son los suelos con mayor carácter calcáreo y abundante presencia de micorrizas, hongos que viven en simbiosis con la planta y le ayudan a conseguir agua y minerales.

 

 

Vid y burocracia

 

El  consejero delegado de Vega Sicilia dio su opinión sobre la tan traída cuestión de la zonificación y la distinción de viñedos singulares: “La clasificación de calidad la tendría que haber hecho la Historia. De hecho, Burdeos tuvo la suya en 1855, pero Rioja, que es una denominación histórica, no la hizo. Me parece bien que cada uno pueda explicar de dónde es su vino y está claro que las denominaciones tienen que evolucionar, pero los administrados queremos que la Administración nos dé la calificación y eso no es tan fácil”.

 

 

 

 

Cata de los vinos de Vega Sicilia

 

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