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Vinos con alma

Las personas del vino: el alma que habita en las viñas

Autor: Raquel Pardo. Imágenes: Josep Oliva
Lunes, 18 de septiembre de 2017

El vino es mucho más que una bebida; su vinculación con la tierra y la imprescindible intervención del ser humano lo convierten en un líquido con mensaje, capaz de conmover las emociones del que lo bebe.

Emociones. Sentimiento. Pasiones. Beberse un vino, para el que busca algo más que saciar la sed o acompañar una buena comida, es traspasar la razón, comunicarse, de algún modo, con el terreno de donde procede: la viña, la tierra, las personas. Las personas. Cuenta la especialista en gestión de las emociones Inma Puig que le preguntó al sumiller Pitu Roca (El Celler de Can Roca, Girona), tras visitar su bodega y quedar “conmovida”, en sus propias palabras, si el vino y las personas se parecían. “Son prácticamente iguales”, contestó este camarero del vino, para quien existe un hilo invisible entre los agricultores o bodegueros y los vinos ajenos a la producción industrial.

¿Nos sabr[Img #12982]ía diferente un vino si conocemos a la persona que lo hace? ¿Percibimos la vocación que inspiran los elaboradores a esos vinos singulares? Roca y Puig están plenamente convencidos de ello, más si cabe después de un viaje juntos que les ha llevado a conocer a 13 productores de distintos puntos del globo para parir un libro al alimón, Tras las viñas (Penguin Random House, 2016). En él, la psicóloga (la razón) y el sumiller (la emoción) han examinado a las personas con los ojos de un catador, acercándose a sus vidas, viviendo con ellos momentos de intimidad donde algunos han desnudado sus almas. Conocerlos para entender mejor el mensaje de sus vinos y confirmar que sí, que el vino son personas, que ambos tienen un vínculo que se amplía con las emociones que percibe el consumidor, que en lugar de beber vino, toma sorbos de “vida embotellada”.

 

La pasión

 

[Img #12978]En Tras las viñas hay pasión, mucha pasión. La de Josep Roca primero, que ha sido capaz de embarcar a la experta en emociones Inma Puig (psicóloga clínica especialista en el análisis del comportamiento de las personas, encargada de la gestión emocional del equipo de El Celler de Can Roca) en un excitante viaje por un mundo vitivinícola que “nos ha cambiado a los dos” y ha cambiado también a los productores.

 

Y en Ricardo Titín Palacios, elaborador de El Bierzo, obsesionado por identificar parajes que quepan en una botella de vino, más que por hacer vinos donde se refleje “lo que es uno”, como él mismo afirma en el libro: “Tenemos que ser cuidadosos para no imponer nuestro ego y limitarnos a acompañar a esa uva para que se convierta en el mejor vino posible de ese año. En resumen: respetar la naturaleza”. Roca lo contempla como un discípulo de Steiner, quien definió los principios de la agricultura biodinámica, un hombre que habla poco, pero que cuando lo hace sentencia. Al frente de la bodega Descendientes de J. Palacios, en El Bierzo, Ricardo ha establecido todo un sistema de vida en consonancia con la biodinámica y la conexión con el pueblo de Villafranca del Bierzo (León), donde ha puesto en marcha, además de la bodega que lleva adelante junto a su tío, Álvaro Palacios, una granja donde se aprende a hacer queso, a plantar o a elaborar vino para consumo doméstico. Su vino de pueblo, Corullón, en su cosecha de 2000, es robusto, sereno, silvestre y lleno de paisaje y notas de monte, intenso, muy equilibrado y vivo.

 

[Img #12979]Para Don Weaver, director de la californiana Harlan Estate, en el Valle de Napa, “el vino es una bebida capaz de elevar el espíritu”. El fundador de la bodega, William Harlan, aspira con sus vinos a ayudar a sus clientes, afirma en el libro, “a tener una vida más agradable y sana”. Harlan busca la perfección en ellos para que la gente sea feliz al beberlos. Su Harlan Estate 2012 –elaborado a base de las francesas cabernet sauvignon, merlot, cabernet franc y petit verdot– despliega elegancia, notas especiadas de una madera muy presente. Un vino concebido para perdurar, para emocionar, con taninos firmes, intenso, creciente, de una atractiva opulencia pese a su juventud.

 

La pasión y el entusiasmo están presentes también en el argentino Matías Michelini, tanto como para nombrar a su bodega Passionate Wine, en la mendocina localidad de Gualtallary, en el Valle de Uco. Roca y Puig ven a Michelini como un apasionado del vino con un punto de demencia, un tipo fibroso como sus vinos, brillante y que va a contratiempo, fundido con una naturaleza que le apasiona porque le hace entender a las personas. Su Montesco Agua de Roca 2015 –un sauvignon blanc que se cultiva a 1.500 metros, destinado a perdurar y mejorar en los próximos 15 años– es un vino vivaz, mineral, herbáceo, amplio, ligero y envolvente.

 

El conocimiento

 

[Img #12981]A sus 83 años, Lalou Bize-Leroy, propietaria de los domaines borgoñones Leroy y D'Auvenay, tiene claro que “es necesario que los vinos sean humanos” y que “el vino es la vida, un canto eterno”. Esta dama de la Borgoña, que poseyó parte del mítico Domaine de la Romanée- Conti, es una luchadora en un mundo masculino que ha sabido dominar a base de carácter. Desde su salida del mito borgoñón, Leroy ha buscado hacer vinos que compitan con la Romanée, mimando las viñas, conociéndolas a fondo, practicando biodinámica (que ha aprendido a optimizar), y siendo respetuosa con el carácter de los vinos. Para ella, “si los vinos se parecen, es un desastre”. Su Vosne- Romanée Les Genaivrières de 2006 es vivaz y vibrante, fresco, floral, especiado, tremendamente complejo y lleno de carácter, limpio, feliz y eléctrico, como la mujer que está tras su elaboración.

 

El conocimiento, la experiencia, hacen decir a Reinhard Löwenstein, productor de Heymann Löwenstein, en Mosela (Alemania) que el aspecto de la imperfección es importante. Para este afable alemán, impulsor de la prestigiosa marca de calidad VDP que clasifica algunos de los mejores vinos alemanes, el vino que quiere hacer “tiene una dimensión espiritual, tiene que poder sacarte de tu zona de confort”. No concibe el vino sin cultura, para él tiene una dimensión de artesanía, intelectual y hasta matemática. Su Uhlen Laubach de 2014 refleja su paisaje de pizarra, es serio e intenso, definido por Roca como un vino otoñal, grande en boca.

 

[Img #12976]Christian Moueix, un dandi de Burdeos con casi 50 cosechas a sus espaldas en Château Pétrus (que además se ha reinventado en el Nuevo Mundo con Dominus Estate, en California, y su reciente proyecto Ulises) considera que el vino es armonía más que equilibrio. Conoce todas y cada una de las vides de Pétrus, su casa familiar, y revolucionó el sector haciendo en 1973 la primera poda en verde en la zona para mejorar la calidad de la uva. Su Château La Fleur Pétrus de 2010 es alucinante, lleno de fruta viva, roja y negra, picante y fresco, muy limpio, franco, con una boca fantástica, armónica y ligeramente ahumada.

 

Uno de los discípulos aventajados de Christian Moueix es Álvaro Palacios, a quien la bodega de Pomerol le cambió los esquemas. Entró en el Priorat de la mano de su amigo René Barbier y le dio la vuelta. Palacios afirma que busca terrenos de grandes vinos en lugares donde ha habido un asentamiento monacal y que podemos conseguir en España el “great classic wine”, como él lo define. Su Finca Dofí de 2012 despliega poderío, frutillas del campo maduras, hierbas, monte, conexión con la tierra, es sabroso y alegre, tan saleroso como Palacios, a quien Roca describe como “garnachero de luces”.

 

Tradición, humanismo...

 

[Img #12980]A John Wunderman, robusto rubio de Nuevo México, lo que en principio le atrajo de Georgia fue el canto polifónico. La espiritualidad de la música y la del vino se le cruzaron en el país vitícola más antiguo del mundo y Wunderman se instaló allí para elaborar vino natural en su bodega Pheasant's Tears. Se ha impregnado de los modos de elaboración ancestrales y de la idea de que el elaborador es un transmisor de la cultura de sus antepasados, como ocurre con el canto polifónico. Para él, tomar un vino con toda una comida, sin cambiarlo, es “como amar a alguien toda tu vida”. Su Rkatsiteli de 2011, macerado con pieles, es increíblemente terroso, envolvente y embriagador, con un punto salvaje, seco, redondo, seductor y lleno de vida.

 

Raül Bobet es, para Josep Roca e Inma Puig, como un pintor del Renacimiento, perfeccionista. Este enólogo con alma de payés ha buscado en los Pirineos un terreno al límite para recuperar una tradición vitícola milenaria que ya establecieron en el Castell d'Encús los monjes hospitalarios. Para Roca, Bobet es dual, y Puig lo describe como contradictorio, capaz de decir que está todo inventado y, sin embargo, no parar de inventar. Bobet dice de sí mismo que intenta representar a los “elaboradores honestos”, y cree que no se puede entender un vino sin entender a quien lo hace. Su Taleia Reserva 2013 es delicado y floral, especiado, cremoso, potente, preciso.

 

... Y corazón

 

[Img #12975]Tras las viñas muestra a los elaboradores como lo que son, personas, con intimidad, sentimientos y un carácter que los hace únicos. Elisabetta Foradori hace vino buscando a su padre, que murió siendo ella una niña. Para la italiana, el vino es una forma de comunicarse con los antepasados, el elaborador interpreta las fuerzas de la naturaleza, y esas fuerzas pasan de padres a hijos. Su corazón decidió dar un giro cuando en 2004 sus vinos se volvieron más viscerales. Pasó de un corte más entendible a la defensa de la teroldego, la uva que da sentido a su trabajo en los Montes Dolomitas. Su Teroldego Morei de 2013 es fresco y mineral, enérgico, lleno de frutas azules, elegante como la propia Foradori, equilibrado, complejo.

 

El padre y las entrañas han regido el modo de entender el vino en María José López de Heredia, volcada en preservar una tradición heredada de su bisabuelo, el fundador de la bodega Rafael López de Heredia, y sin dejar de innovar manteniendo el clasicismo. Para ella el vino “empieza muy lejos de la botella” y en cómo es intervienen muchos factores, bodeguero, almacenaje y, por supuesto viña, cosecha, cuidado de la vid. Su Blanco Gran Reserva 1994 muestra ese respeto por la tradición, esa evolución pausada que da pie a notas de hidrocarburo y flores blancas, picantes y alegres, bailón en la boca, vibrante y fino.

 

[Img #12977]Con el corazón en la mano dice Pierre Overnoy, productor de Jura, que “la verdad está en la copa, no en los grandes discursos”. Para él los elaboradores de vinos naturales son “equilibristas sin red”, y en palabras de Roca, “su leyenda irá en aumento en las próximas generaciones”. En su Ploussard de 2014 se aprecia su entrañable pasión, su intensidad y su ausencia de maquillajes, fruto de su conexión con la elaboración tradicional del vino.

 

Sara Pérez lleva Priorat en el corazón, de allí son sus hijos y allí ha aprendido a desaprender, a desligarse del academicismo y seguir a su brillante intuición. Madre, agricultora, hija de uno de los pioneros del nuevo Priorat, ahora busca que su historia no quede en el olvido. Su rancio, un vino que “no me representa, pero sí a la historia del Priorat”, y que es un vino “para reír” que no se ha embotellado nunca, muestra complejidad, paso del tiempo, longevidad, una evolución que comenzó antes que la de la propia Sara, en otras mujeres del Priorat a las que ella no quiere dejar que se pierdan en el olvido.

 


 

La fiesta de las personas del vino

 

Las notas de cata de este reportaje fueron posibles gracias a que Roca, junto a su mujer, Encarna, y su equipo, montaron tras la salida del libro a la calle, en otoño pasado, una cata para más de 400 personas, amigos de la familia, donde concurrieron los 13 protagonistas del libro y sus respectivos vinos. Christian Moueix, de Pétrus, participaba por primera vez en una cata en España. Pitu Roca sorprendió a todos con este “pacto de gratitud”, en sus palabras, con las personas del vino.

 


 

Las gentes del vino, en el foco

 

Tras las viñas ha sido el primer libro centrado en la gente que está detrás de la elaboración del vino, a veces popular, a veces muy desconocida y casi anónima; pero no ha sido el único. Después de él, el catador de vinos españoles para la publicación estadounidense The Wine Advocate de Robert Parker, Luis Gutiérrez, acaba de publicar Los nuevos viñadores (Planeta Gastro, 2017), un recorrido, en este caso nacional, por una generación de elaboradores que busca recuperar variedades y estilos de vino casi extinguidos. Como curiosidad, algunos de los protagonistas coinciden con los del libro de Roca y Puig.

 

 

 

 

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1 Comentario
Francesca Galimberti Prince
Fecha: Miércoles, 20 de septiembre de 2017 a las 17:55
Un bonito artículo sobre la fuerza de la tierra. Enhorabuena, Raquel.

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