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Valiente iniciativa

Oro de Castilla rebusca en su bodega verdejos con años

Autor: Raquel Pardo
Viernes, 23 de febrero de 2018
Noticia clasificada en: Vinos D.O. Rueda

La bodega que dirige Pablo del Villar desempolvó algunos de sus vinos con varios años de botella para mostrar a la prensa especializada la capacidad de vejez de la verdejo y cómo es su evolución tras un tiempo.

Si conservas algún verdejo “joven, fresco y frutal” pero no te ha dado tiempo a bebértelo en el plazo de un año tras la cosecha, puedes hacer de la crisis una oportunidad. Algo así se le pasó por la cabeza al director de las bodegas Oro de Castilla- Hermanos del Villar, de Rueda (Valladolid) cuando convocó a un grupo de periodistas para, valientemente, mostrar algunas de las poquísimas botellas que conserva de sus verdejos desde años atrás.

 

Del Villar explicó que estos vinos que presentaba no se elaboraron en su día como vinos de guarda, por lo que la intención era descubrir cómo había sido evolución, ateniéndose a encontrar sorpresas agradables… o no tanto. De hecho estas botellas, de 2010, 2012 o 2014 no se pueden encontrar a la venta ni en la propia bodega, pero confesó del Villar que desde la cosecha de 2013 sí que se guardan en las naves de crianza unas 1.500 botellas para observar de cerca su evolución.

 

Junto a las iniciales botellas de la añada 2017, recién embotelladas y con una clarísima juventud, sobre las copas servidas por el equipo que regenta el sumiller José María Marrón en el restaurante Álbora de Madrid fueron sirviéndose verdejos de añadas anteriores: 2016, 2015, 2015, 2013, 2012 y 2010. De las añadas 2017 y 2013 se sirvieron también vinos de sauvignon blanc.

 

La experiencia fue atrevida, por parte del bodeguero, y estimulante para los catadores, ya que además de descubrir notas poco habituales en los verdejos jóvenes que iban apareciendo en distintas añadas (especias, hidrocarburos, algunas notas silvestres y florales) se pudo ver diferencias entre botellas de la misma añada, una consecuencia de la intención inicial de que estos vinos fueran concebidos para consumir en el año posterior a la cosecha. Hubo diversidad de opiniones respecto a una de las estrellas de la cata, el 2015, vivo y entero, con unas atractivas notas de evolución, para unos, y más apagado para otros (según la botella), y respecto a 12 y 13, este último, con unas notas de especias y de salazón interesantes y una boca atractiva con un puntito decadente que resultaba muy llamativa.

 

Sí que hubo más unanimidad con el 10, espléndido en toda la mesa, con unas coherentes notas de oxidación, y sobre todo con una boca voluminosa, envolvente y aún con frescura atractiva.

 

Pablo del Villar explicó que la bodega trabaja con rendimientos menores a los máximos admitidos por el consejo regulador porque buscan “mantener el carácter de nuestra verdejo y del suelo”, para lo que también usan levaduras propias, temperaturas altas de fermentación y un leve reposo del vino sobre sus lías, además de vinificar cada parcela por separado.

 

Del Villar presentó también la añada 2016 de su verdejo de finca, llamado Finca los Hornos, con la mitad del vino con paso por fudre de 800 litros, del que se pudieron catar las añadas 2015 y 2014.

 

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