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Comer de Oficio

Disidencias y avenencias; cúspides y bases

Autor: Luis Cepeda
Domingo, 10 de junio de 2018
Noticia clasificada en: Champán Vinos D.O. Cava

Hace un par de años, durante una entrevista con el doctor Richard Geoffrey, jefe de cava de Dom Pérignon, quise conocer sus impresiones acerca de algunos aspectos de los vinos españoles, más allá de ponerme al corriente de su función en la marca de champagne más acreditada del mundo, que es ciertamente colosal.

Tras manifestar auténtico fervor por los Vega Sicilia, me congratularon sus consideraciones respecto a los ribera, en notorio progreso consumidor en Francia –según dijo–; pero cuando le pregunté por el cava me pidió que detuviera la grabadora para decirme: “No saben ustedes lo que tienen; creo que hay más potencialidad en el mercado del cava de lo que imaginan sus propios elaboradores”. Entiendo su cautela al expresar tan favorable opinión sobre un producto rival del champagne, pero creo que el oficio reporteril me autoriza a revelarlo. Así es –quiérase o no–, el off the record o esa entelequia de la información secuestrada que tanto se lleva ahora y tan vulnerable es; dicho sea de paso.

 

Lo que sí se ha hecho público palmariamente, a propósito del cava, es la iniciativa Corpinnat, donde seis marcas, ubicadas en una demarcación escogida del Penedés, instalan límites y rigurosas auditorías a los vinos espumosos, por encima de los requeridos por la Denominación de Origen. El proyecto, que ya está activado y espera añadir candidatos nuevos, exige el emplazamiento en el denominado Territorio Corpinnat –un segmento del Penedés–, la producción exclusiva de vinos tranquilos y espumosos de vinificación propia y ecológica, el manejo obligatorio de un 90% de variedades históricas y solo un 10% de las foráneas chardonnay, pinot noir y trepat. También ser, simultáneamente, viticultor y bodeguero; efectuar vendimias manuales y unos cuantos requisitos de producción y vinificación, entre otros condicionantes aún más específicos. Se trata, según los promotores, de ejercer un compromiso con el origen, el territorio y el viticultor; la trasparencia, la autoexigencia y el rigor de sus actividades; la cooperación entre empresas y un vínculo responsable con el paisaje, el medio ambiente y las variedades locales e históricas. Las marcas Gramona, Llopart, Recaredo, Torelló, Castellroig y Nadal subscriben ese propósito de excelencia o disidencia significando su supremacía desde la etiqueta. Se distinguirá –en su parte frontal– con el sello obligatorio Corpinnat, en caracteres más relevantes que el de Cava, en la contraetiqueta.

 

Es cierto que la D.O. Cava ampara a espumosos de regiones vinícolas ajenas a su perfil vitivinicultor y comarca histórica, lo que siempre me pareció equívoco y algo peregrino. No es menos inquietante el pasmoso trecho que hay entre el precio de la uva que pagan los llamados chatarreros del cava y los puristas (que suele oscilar desde 0,2 a 0,7 € por kilo de uva) y la considerable diferencia de calidad entre marcas, que tanto confunde al consumidor. Pero no deja de ser deseable que el encumbramiento que sugiere la iniciativa no se aleje de la honestidad de las bases, cuyo cúmulo y regulación facilita esa potencialidad universal del mercado del cava, que sugería el enólogo de Dom Pérignon.

 

Acciones de base pueden considerarse, en contrapartida, dos episodios recientes en torno al vino: el primer Encuentro Nacional de los Barrios Históricos de Bodegas y la convocatoria del evento Valladolid, Plaza Mayor del Vino. El primero, acometió la relevancia de arrabales vitivinícolas en poblaciones de Castilla y León y de La Rioja. El componente histórico y su origen agrícola y familiar activan el turismo enológico, conciliando emotividad y recreo vitivinícola. La Universidad de La Rioja, la Fundación Vivanco y Bodegas Lecea, del barrio de las bodegas de San Asensio, fundamentaron su proyección y cercanía durante dos jornadas didácticas, cargadas de curiosidades. “Los vinos de maceración carbónica y el contacto con la modestia bodeguera estimulan el aprecio del vino entre jóvenes consumidores”, ha verificado Luis Alberto Lecea en su propia bodega.

 

En cuanto a Valladolid, donde el pasado año se celebró el Concurso Mundial del Vino de Bruselas, el Ayuntamiento y la Diputación han conciliado propósitos para efectuar una formidable cata popular y didáctica –en lenguaje asequible–, para aproximar a la cultura del vino a degustadores espontáneos y anónimos, locales o foráneos, en una provincia donde conviven nada menos que seis denominaciones de origen.

 

 

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