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Comer, beber, amar

Solo placer

Autor: Mayte Lapresta
Domingo, 22 de julio de 2018

Rodeada de buenos amigos e incluso mejores vinos, escuchaba hace escasos días una de las observaciones más divertidas y ciertas sobre el delicioso negocio vitivinícola en boca del grande grandísimo (también en altura) Guillermo de Aranzábal, presidente de La Rioja Alta: “Nuestra empresa se dedica a proporcionar placer...

... Solo placer. Un automóvil puede ofrecerte grandes sensaciones, pero además te lleva… Un móvil también pero su objetivo es ponerte en contacto. Lo mismo ocurre con la gastronomía, que te alimenta… pero pocas empresas pueden decir que se dedican a dar placer, solo placer, sin avergonzarse”. Risas y aplausos merecidos.

 

El vino presenta un paisaje, inspira una poesía, envuelve un plato. El vino vuelve valiente al tímido y saca la mejor sonrisa al áspero. El vino une familia, países y creencias, y traspasa fronteras como un embajador de lujo. El vino es poco práctico, quizás no es útil, pero hace la vida más bella.

 

Cierto es que no saciamos nuestra sed con vino, ni tampoco buscamos la dulce inconsciencia que proporciona el alcohol. Es bien verdad que la experiencia de degustar un gran vino tiene más de placer que la mayoría de buenos hábitos de mi vida. Una vez prohibido el tabaco y descartado el sexo inesperado, la edad nos demuestra que el mejor de los vicios, si como tal puede considerarse, es bajar a la bodega, escoger sin dolor a la pérdida ni avaricia absurda, descorchar con cuidado, servir en una gran copa Riedel, agitar, oler, probar. Gozar. Si además hay buena compañía, conversación profunda, y risas ligeras, lo inmejorable mejora. Si hay algo que celebrar, se brinda. Si hay algo que llorar, se rellena de nuevo la copa. Y si falta todo, falla todo y nada sale, ese buen amigo, el vino, siempre estará dispuesto a darte placer sin pedir nada a cambio. Gracias Guillermo, gracias bodegueros por hacer posible ese placer honrado y púdico cada cosecha.

 

 

 

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