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Irreversible

Uvas agrias

Autor: Santiago Rivas. Imagen: Archivo
Miércoles, 19 de junio de 2019

A las dos últimas críticas a piezas audiovisuales que me he marcado para vosotros, sobremesers, le voy a poner un cierre, solo temporal, por todo lo alto con la obra que quizá más ha impactado al mundo del vino.

De hecho dentro del wineloverismo la hemos visto todos, pero es que fuera hay gente que también. Asombroso. En la web Filmaffinity la han votado, mayoritariamente con buena nota, 139 personas (no creo que haya 139 winelovers en este país). Eso sí, queda muy lejos de la obra magna de José Luis Garci Holmes & Watson. Madrid Days, con 799 votos de pura estupefacción ante la, sin duda, mejor comedia involuntaria de la historia del cine, o Avengers: Endgame con 19 825 votos.

 

Para que la vean “civiles” ayuda que esté en Netflix, eso desde luego; pero la verdadera razón por la que pienso que ha trascendido moderadamente al sector es que nos gusta ver a la gente delinquir. Nos fascina cómo el personal se las ingenia para hacer el mal.

 

Sí, ya lo adivináis, voy a comentar la película de no ficción: Sour Grapes. Todo muy criminal.

 

El docu aborda el ascenso y caída de un hermético personaje llamado Rudy Kurniawan, un muchacho que accede a un surrealista mundo de coleccionistas y subastas de vinos históricos para dar unos palos legendarios.

 

Vamos ya.

 

La película, y el escándalo, empiezan con la presentación de la única persona medio normal que aparece en todo el metraje: Laurent Ponsot, propietario del mítico Domaine Ponsot, elaborador de vinos de culto en la Borgoña. Este hombre fue el primer acusador y descubridor del fraude. El bodeguero tuvo que irrumpir en una puja de botellas falsas en una casa de subastas neoyorquina especializada en vino, Acker Merrall & Condit, en donde se ofrecían añadas de su Domaine de antes de que su Domaine existiese.

 

Si algo sobrevuela esta historia es la necedad de los winelovers y el cutrerío de todo el entramado delictivo, porque yo, de verdad, no sé hasta qué punto es estafa venderte un Descendientes J.Palacios, “La Faraona”, de 1923. Con su tirilla de la DO Bierzo y todo. Pero es que incluso después de este suceso, el chiringuito sinérgico montado entre Rudy Kurniawan y el director de la casa de subastas referida, un estúpido amoral llamado John Kapon, siguió funcionando unos años más. De hecho, Kapon sigue, a día de hoy, trabajando en esto, celebrando subastas todos los meses. Este mismo mes de junio tenía ya tres programadas.

 

Mátame, camión.

 

De verdad que pensaba que en USA eran más beligerantes con asuntos como este, pero es que en el propio docu explican que el Sr. Kapon ha demostrado "buena voluntad" devolviendo el dinero a la gente que ha ido demostrándole que les vendió vino falso. No he visto una transferencia del riesgo más indecente en el mundo del vino (en banca, periodismo o política, sí lo he contemplado): "Si me pilláis, os lo devuelvo, pero si cuela, cuela". Es una versión aún más jeta de lo de “es el mercado, amigo”. Porque no hablamos de un delito menor o una travesura, las cifras son mastodónticas: en el periodo de 2006 a 2009, esta gentuza vendió más de 50 millones de dólares en vino falso.

 

En Sour Grapes también se centran en un winegang californiano al que Kurniawan saqueó sin piedad, que se autodenominaba “Angry Men”, en referencia al cabreo que se pillaban cada vez que en una wineparty alguien se sumaba aportando una botella barata (en eso sí que llevan razón, por cierto). Son un grupo de mamíferos del género masculino, con gran retraso madurativo (es que hay uno especialmente incapaz que va con su copa, que encima no es ni Zalto, bebiendo por la calle o en la parte trasera de un coche). Manifiestan la velocidad mental de un ficus, pero tienen mucho dinero (y es que os tiene que quedar claro que se puede ser exitoso e idiota perdido). En California, entre la gente del sector del cine y del financiero, hay más que suficiente para generar un grupo de bebedores de vinos muy, muy caros, pero tener, no tienen ni idea. Por ejemplo, me llama la atención lo flipados que son, y mira que ser winelover ya es intrínsecamente ser flipado, pero es que lo de estos es de antología. A tal nivel, que yo voy un poco con Kurniawan, a veces; me da pena que no les robara más.

 

Bueno, que son tontísimos, pero toca avanzar.

 

Hay una regla de oro que todo delincuente debe observar: no robar ni matar en la región en la que vives. Esto se sabe desde Erzsébet Báthory (1560-1614), por lo que al final, entre Ponsot y otros coleccionistas menos cocainómanos que los “Angry Men”, estrechan el cerco a esta factoría del vino falso hasta que consiguen meter a Rudy en la cárcel en 2013; y ahí estará, como poco, hasta dentro de un par de años más. Visto lo visto, no me extrañaría que al salir se vuelva a dedicar al vino, yo ya me espero de todo, todo el rato. También habla muy mal del sistema legal estadounidense, porque es obvio que aquí había mucha más gente implicada.

 

Ah! y lo más grande: se calcula que aún hay en torno a 10 000 botellas de la colección Kurniawan rulando por ahí, ya que por algún extraño motivo la mayoría de afectados no han dado el paso de reconocer que les han timado. Cuidado, sobremesers, a ver si alguien os la intenta colocar. Recordad, solo hay que comprar botellas falsificables (unicornios) en bodega o distribuidores oficiales.

 

Todo lo demás tiene un peligro…

 

 

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