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Con nuevo vino

Conversando con Marisol Bueno, la dama blanca del albariño

Autor: Amaya Cervera. Fotos de Álvaro Fernández Prieto
Martes, 5 de mayo de 2015

Marisol Bueno, propietaria de Pazo de Señoráns (DO Rías Baixas), lleva toda la vida intentando convencer al mercado de la nobleza de la albariño y de su capacidad para envejecer como otras grandes variedades blancas.

La albariño es una de las grandes uvas blancas del mundo gracias a su aromática media-alta y su gran estructura y se distingue por su capacidad de envejecimiento”, afirma Marisol Bueno. Es un mensaje que lleva transmitiendo prácticamente desde que empezó a elaborar vinos blancos en el valle del Salnés a finales de los ochenta y con igual insistencia durante los veintiún años, entre 1986 y 2007, que estuvo al frente del Consejo Regulador de la D.O. Rías Baixas.

 

De hecho, una de las primeras pruebas irrefutables de la longevidad de la albariño fue el que hoy es su blanco top, Pazo Señoráns Selección de Añada, que se estrenó con la cosecha 1995. El vino salió al mercado con catorce meses de crianza en depósito de acero inoxidable con sus lías, algo totalmente inaudito en su momento. “Fue un vino incomprendido”, recuerda la propietaria de Pazo de Señoráns. “Pero se ha demostrado que es un blanco con capacidad de guarda y en el que la albariño se expresa de manera diferente”.

 

Los 30 meses de crianza en acero

 

Para elaborar el Selección de Añada se eligió la viña más singular de la finca de Señoráns, conocida como Los Bancales, por la zona de terrazas en la que se encuentra. Muy aireada, con baja densidad de plantación y rendimientos inferiores a lo habitual en la zona, quizás lo más característico es el suelo, de granito puro y con poca materia orgánica. “Ana I. Quintela se había incorporado como enóloga en 1991 y entonces pensábamos en los vinos franceses de guarda y en cómo aprovechar la gran acidez y el grado de la albariño, aunque nunca tuvimos un modelo de blanco concreto”, rememora Marisol.

 

En la añada 1996 el tiempo de crianza se alargó ya hasta los veintisiete meses y a partir de ahí se ha movido en torno a los treinta meses (llegando incluso hasta treinta y ocho en la cosecha 2001). “Pero nunca es el mismo –explica Marisol–; ni siquiera hacemos siempre el mismo bâtonnage (movimiento de las lías); depende de cada vino”.

 

Para Ana I. Quintela, “un porcentaje elevado del carácter del vino está asociado a las lías (restos de levaduras tras la fermentación). Éstas aportan una complejidad mineral que no da el vino del año; la fruta pasa a ser una fruta de hueso y la boca se hace más grande, más gorda y sin aristas. Básicamente se trata de conseguir más paso de boca y mayor profundidad. Sin embargo, también es cierto que el carácter de la lía cambia cada año y de ello depende que se pueda prolongar más o menos el envejecimiento”.

 

La añada en curso del Selección de Añada, en el mercado desde el verano pasado, es 2007. Se ha criado algo más de treinta meses en depósitos de acero inoxidable y un mínimo de un año en botella antes de salir al mercado. Al final, el tiempo total de envejecimiento es equiparable al de muchos grandes reservas riojanos que tanta veneración despiertan últimamente entre los aficionados. El vino, que aún es un bebé, ofrece una fruta con mucho relieve y ciertas notas almibaradas que con el tiempo irán evolucionando a toques confitados, especiados, hierbas secas y notas de hidrocarburo como ocurre a menudo con la riesling, aunque, pese a viejas leyendas, está ya demostrado que no existe parentesco alguno entre ambas variedades. El Selección es un vino de carácter marcado y voluminoso en el paladar del que solo se elaboran en torno a doce mil-dieciocho mil botellas.

 

Si la montaña no va a Mahoma…

 

[Img #7132]Mucho más difícil ha sido convencer a profesionales y consumidores a través de innumerables catas verticales de que el albariño del año, el que se vende en el entorno de los once/doce euros la botella, atesora similar capacidad de envejecimiento.

 

“El mercado no acepta un vino blanco de una añada anterior”, me decía categórica Marisol hace ya casi ocho años en una entrevista. Pero ella ha seguido en sus trece de que los buenos albariños tienen un recorrido de tres-cuatro, incluso cinco años en botella dependiendo de las características de cada cosecha. De ahí el reciente lanzamiento del Pazo Señoráns Colección, que se estrena con la añada 2011 y que no es sino el Señoráns normal criado en la propia bodega y con el mínimo incremento de precio asociado a un almacenaje extra. Parece una excelente manera de celebrar el 25 aniversario de la llegada al mercado del primer Pazo Señoráns (cosecha 1989) en 1990.

 

“¿Por qué si sale una añada hay que retirar la anterior?”, se pregunta siempre Bueno. “Por otro lado, el consumidor no tiene la facilidad de guarda”, constata. La idea del Colección es poder disfrutar en el acto del mismo vino que otro aficionado podría haber comprado en su día y envejecido en su bodega particular. No se trata de ninguna selección especial ni de ninguna partida concreta con especiales aptitudes para envejecer en botella, pero se comercializa con un nombre y una imagen distinta que refuerzan el concepto de guarda.

 

Un vino de microparcelas

 

El cuarto de siglo de Pazo de Señoráns trae algunas otras novedades. Quizás algunos consumidores no lo noten, pero el albariño del año modifica ligeramente su presentación desde la añada 2014 que sale al mercado en estos días. Cambia la botella y la etiqueta apuesta por una tipografía más clásica. ¿Quizás para dar la sensación de un vino de larga trayectoria y plenamente asentado en el mercado? Más importante es que incluye el nombre de la subzona, el Val do Salnés (el área de mayor concentración de viñedo y mayor dominio de albariño dentro de la D.O. que se extiende entre las rías de Arosa y Pontevedra) y el concepto de microparcelas asociado al minifundismo endémico de la propiedad agraria en Galicia.

 

Con una producción en torno a las trecientas mil botellas anuales, la bodega se abastece de unas ochenta hectáreas, veinte de ellas propias o controladas directamente; pero el resto está en manos de ciento sesenta viticultores. Hay que entender que el tamaño medio de la viña en la zona está en torno a mil quinientos-mil ochocientos metros cuadrados. “Es una de nuestras peculiaridades que creo que hay que poner en valor”, explica Marisol Bueno.

 

“Producir en Rías Baixas es costosísimo”, continúa. “El minifundio hace la viticultura muy trabajosa y el clima obliga a que se tengan que realizar muchos tratamientos al año. El ciclo de la viña es muy largo y exige atención desde que brota en marzo hasta finales de octubre. Para las bodegas los rendimientos del mosto son pequeños porque la albariño en una variedad de grano pequeño, piel gruesa y pepita grande. Pero lo que hay dentro de la botella bien merece ese trabajo”.

 

Cara y cruz de la albariño

 

[Img #7133]¿Cuáles considera entonces Marisol Bueno, desde su privilegiada atalaya como elaboradora y durante tantos años presidenta del Consejo Regulador, que son los grandes logros de la región? “El albariño ha pasado de ser un vino que solo se conocía en los alrededores de Cambados a ser reconocido en toda España”, contesta. “Además, es de las variedades españolas que más se han plantado fuera y todo ello en un espacio de tiempo relativamente corto”. No está mal para un blanco que hasta no hace tanto se metía en barrica a fermentar como un tinto y se sacaba en primavera cuando había hecho la maloláctica.

 

Por otro lado, el peso de la variedad es omnipresente en la región y la zona está totalmente identificada con ella. ¿Quizás se ha puesto demasiada atención en la uva y no tanto en el terruño? “La variedad tiene mucho nombre y se ha impuesto; no hemos sido capaces de hacerlo de otra manera, pero es nuestra y de aquí, y por eso se expresa de la manera en la que lo hace”, defiende Bueno. Desde su punto de vista, los grandes retos de la zona en la actualidad pasan por comercializar más y conseguir que el consumidor considere el albariño como el vino blanco de referencia en España.

 

En lo que respecta al terruño considera que “si tuviéramos un estudio serio científico que valorase la tierra y los viñedos sería muy interesante”, pero cree que es un trabajo a muy largo plazo y que requerirá más de una generación para llevarlo a cabo. En el caso de Señoráns, el relevo parece estar más que asegurado. Vicky Mareque, segunda generación, hace años que está plenamente incorporada en el día a día de la bodega y es una de sus caras más visibles tanto dentro como fuera de España; y con su cuñada estudiando enología, es previsible que lleguen refuerzos en un futuro inmediato.

 

Enamoradoiros, habitaciones secretas y alambiques

 

[Img #7130]Sin duda harán falta porque en el singular pazo del que se encapricharon Marisol y su marido Javier Mareque la actividad es constante. Acaban de ampliar la bodega lo que ha permitido aumentar su capacidad de elaboración y, más importante aún, el espacio almacenamiento en sintonía con la filosofía de blancos de guarda. Se van a incorporar unos novedosos maceradores verticales para la próxima vendimia que también permiten trabajar con lías y se está investigando en el viñedo, tanto con alguna nueva variedad como testando las diferencias entre el emparrado tradicional y el cultivo en espaldera a largo plazo.

 

El pazo, por otro lado, se ha convertido en un escenario idílico en el que poder organizar bodas y eventos. Durante el aperitivo, los invitados pueden pasear por sus estancias y hasta sentarse en los íntimos asientos de piedra adosados a las ventanas que en Galicia se conocen románticamente como parladoiros o enamoradoiros. Su pequeña destilería, la más premiada de Galicia según asegura Marisol Bueno, es otro lugar especialmente llamativo y, desde luego, probar los refinados orujos que se elaboran en la casa forma parte de la “experiencia Señoráns”.

 

La visita realmente merece la pena. Considerada una de las “casas grandes” de la zona, posee uno de los hórreos privados de mayores dimensiones de Galicia, lo que da una idea de la gran cantidad de terreno que controlaba. Lo mismo puede decirse del tamaño de la antigua bodega con lagares de piedra y de su capilla. Además, guarda alguna bonita historia, como que el rey Manuel II de Portugal o algún importante colaborador suyo se refugió temporalmente aquí. Hay que preguntar por la “habitación del pánico”, un refugio aparentemente inexpugnable protegido por gruesos muros de piedra y comunicado con un nivel inferior mediante una trampilla.

 

Y, por supuesto, a la hora de catar nadie debe sorprenderse si le llenan la copa con un albariño de una añada anterior. Más bien al contrario, es lo que toca hacer en Pazo de Señoráns.

 
 

 

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